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De Machado a Wikileaks

Juancho Dumall

Lo dijo Antonio Machado: "El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas; / es ojo porque te ve". Lo acaba de corroborar, menos poéticamente, Wikileaks: tu televisión inteligente no lo es porque tú la veas mejor, es inteligente porque te ve. La sensacional filtración de documentos de la CIA en la web de Julian Assange ha mostrado cómo la agencia de inteligencia de Estados Unidos puede oír nuestras conversaciones en el salón de casa por el simple mecanismo de piratear las tripas de la pantalla que tenemos colocada en el lugar estelar de la habitación.

Sabíamos que dejábamos huellas en internet al comprar un billete de avión, contratar una habitación de hotel o adquirir la entrada de un concierto. Alguien podía deducir de estas decisiones cotidianas que nos gustan las islas mediterráneas, los hoteles de clase media y el rock and roll de los 80. Es un riesgo controlado para aquella gente que no trafica con comisiones ilegales ni tiene perversiones demasiado graves. 

Pero hoy nos hemos enterado de que tenemos dos chivatos en casa, capaces de irse del pico sobre nuestras conversaciones más íntimas, conflictivas o, directamente, vergonzantes. Del primero, nuestro fiel teléfono, ya sospechábamos. Pero ¡cómo íbamos a imaginarnos que esa pantalla extraplana en la que vemos el fútbol, alguna serie y los semanales rifirrafes de Eduardo Inda con Podemos iba a traicionarnos de manera tan vil!

PRIVACIDAD Y DEMOCRACIA

El problema es que esto no es un asunto privado. La investigadora norteamericana Sherry Turkle se pregunta en su magnífico ensayo 'En defensa de la conversación' (Ático de los libros) "qué es la democracia sin privacidad. ¿Acaso existe la libertad de pensamiento sin privacidad?"  

La CIA, como cloaca máxima del estado más poderoso delmundo, controla conversaciones telefónicas, desplazamientos y cuentas bancarias, se supone que para combatir a "los malos", en la jerga naíf de Donald Trump. Pero la acumulación gigantesca de datos privados nos indica que estamos ante una amenaza para nuestras libertades. La Gestapo ha entrado en el salón. 

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