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Los interrogantes de la formación morada

Pablo Iglesias, en la tribuna del Congreso durante la sesión de investidura de Mariano Rajoy.

AGUSTIN CATALAN

Podemos afronta las condiciones objetivas

Joan Tapia

La crisis de la formación morada se debe a que el paro ha bajado del 26,2% del 2013 al 18,9%

Mientras el PP prepara un congreso que se parecerá mucho a una solemne misa mayor, las dos fuerzas de izquierdas están inmersas en una grave crisis. Y contra lo que pone de relieve el día a día, no se trata sólo de guerras de personas, o de tribus, sino de incapacidad para analizar la realidad.

En el PSOE lo más relevante no es tanto la lucha a muerte entre susanistas y pedristas (que también), sino la incapacidad para reconocer que no han asumido, ni repudiado seriamente (porque para un partido de gobierno sería escupir al cielo), la política de austeridad de Zapatero que rompió expectativas pero era inevitable. Ni el fracaso del Estatut en el Constitucional cuando gobernaban. El PSOE no ha analizado internamente ni explicado a la opinión el naufragio de Zapatero en el 2010. Dos asignaturas pendientes.

En Podemos contemplamos la guerra cada día más agresiva entre el esencialismo de Pablo Iglesias y el pragmatismo de Íñigo Errejón, pero hay una tercera tendencia -la anticapitalista-, más maximalista. Y Carolina Bescansa amenaza ahora con una ponencia propia y denuncia “el encajonamiento del debate ni siquiera en dos posiciones, sino entre dos personas, y su reducción a cuestiones banales”. Lo de Bescansa indica que la autoridad moral del césar Iglesias se resquebraja.

Pero la crisis de Podemos se produce también -como la del PSOE- por las condiciones objetivas. Podemos crece -como C's- por el desgaste de los dos grandes partidos, pero sobre todo por la crisis económica que hace que España pase de un paro medio según la EPA del 8,2% en el 2007 al 26,4% en el 2013. ¡Se multiplicó por más de tres en sólo siete años! Y la predicción era que siguiera subiendo. ¡Horizonte devastador! Eran las condiciones objetivas para un partido de irritación y protesta radical porque el sistema sólo parecía garantizar más paro y más pobreza.

Pero las cosas han cambiado y ahora (tercer trimestre del 2016 es el último dato) el paro EPA está en el 18,9%. Y bajando. Todavía muy alto pero siete puntos menos que en el 2013. Y el consumo privado -impulsado por los nuevos empleos- tiende al alza. Una oferta basada en la irritación contra el sistema ya no tiene el campo abonado (o lo tiene bastante menos).

Además, ¿qué ha logrado Podemos? En dos elecciones sucesivas (diciembre 2015 y junio 2016) no sólo no ha conseguido el “sorpasso” al PSOE -pintado con brocha gorda como traidor a los principios, de electores jubilados y con una dirección degenerada- sino que la fuerza emergente perdió en seis meses un millón de votos. El cielo que asaltaba Pablo se topó pronto con su techo.

Y, catorce meses después de las elecciones de diciembre del 15, el PP manda. Se puede discutir si por culpa de Iglesias, de Sánchez, o de los socialistas que asesinaron a Pedro, pero es seguro que si Podemos se hubiera abstenido -no hubiera votado junto al PP contra la investidura de Sánchez- ahora Rajoy no viviría en la Moncloa. Rubalcaba se lo ha tirado a la cara a Iglesias: “Estamos aquí por culpa tuya”.