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Compresas, sionismo y lavado en rosa

Lucía Etxebarria

Muchas mujeres tenemos claro que lo importante son los derechos humanos, con independencia de la etnia o la religión

Ausonia acaba de lanzar una campaña de 'pinkwashing' (lavado rosa) que copa los medios. El término se acuñó  por la Asociación Americana contra el Cáncer para referirse a las empresas que usan un lazo rosa para mejorar su imagen pública El dinero que recaudan para luchar contra el cáncer de mama suele ser mínimo en comparación con su presupuesto de márketing y publicidad, y no suele haber información transparente sobre su destino. Muchas elaboran productos poco saludables. Ausonia, por ejemplo, usa blanqueantes que pueden generar dioxinas cancerígenas.

Sara Shulman, novelista norteamericana, lesbiana y judía, amplió el término 'pinkwashing' para explicar "una estrategia deliberada para ocultar las continuadas violaciones de los derechos humanos de los palestinos detrás de una imagen de modernidad en un Israel pro LGTB". Aeyal Gross, profesor de la Universidad de Tel Aviv, confirma que "los derechos de gais y lesbianas se han convertido en una herramienta de relaciones públicas".

'ORIENTED' Y 'BARBAHAR'

El 'pinkwashing' israelí ignora la existencia de las numerosas organizaciones palestinas que luchan por los derechos LGTB. Ignora también que la homosexualidad se despenalizó en la franja de Gaza en los años 50, cuando se abolieron las leyes de los colonizadores británicos.

En otras ocasiones el 'pinkwashing' no usa como excusa los derechos LGTB, sino los de las mujeres.

Hay dos películas que han sido financiadas por el Estado de Israel en una clara estrategia de 'pinkwashing'. Una es 'Oriented', un documental sobre palestinos gais. Otra es 'BarBahar', una historia de ficción sobre mujeres palestinas. 'BarBahar' es una película altamente recomendable, pero para alguien no informado hace creer que solo las palestinas son mujeres oprimidas en Israel.

En Israel, la separación matrimonial  está siempre sometida a la voluntad del marido

Las bodas civiles no existen en Israel. Tampoco los divorcios civiles: los rabinos deciden sobre la separación matrimonial, sometida siempre a la voluntad del marido, según la ley del Talmud. No se consideran como "causa suficientemente argumentada" la infidelidad, la violencia contra la mujer o la ausencia del hogar. Un hombre, sin embargo, puede repudiar a su mujer si no cocina bien, o si no tienen hijos.

Las mujeres de los judíos ultraortodoxos, exentas del servicio militar, viven aisladas, y deben salir con la cabeza cubierta a la calle (a veces usan peluca), donde tienen que caminar por aceras separadas Son madres de una media de siete hijos, pues no pueden usar anticonceptivos. Se las puede encontrar en el tradicional barrio de Mea Shearim en Jerusalén, pero también en los asentamientos judíos en Cisjordania, en muchos de los cuales aún existe la segregación por sexos.

CODO A CODO CON LAS PALESTINAS 

Hay grupos de mujeres israelís que, desde hace años, luchan codo a codo con las palestinas (el más conocido es Mujeres de Negro). Porque han entendido que el feminismo será transnacional o no será.  

Al sexismo no se le responde desde dentro de una nación, sino desde un movimiento de justicia global. Muchas mujeres tenemos claro que lo importante son los derechos humanos, con independencia de la etnia o la religión. Al fin y al cabo, tenemos el privilegio de dar vida. Es normal que nos interese trabajar por la paz. 

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