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Al contrataque

¡A quemar fotos!

Xavier Sardà

Me fijo en la estética 'cupaire' y observo que es muy setentona

He pensado que eso de quemar fotos no está tan mal. Ahora las fotos se borran y en paz, pero antes perduraban. Apuesto por la autoquema de fotos personales como una protesta iracunda contra el paso del tiempo, contra lo 'vintage' y contra la siempre humillante tropo-juventud.

Podríamos establecer 'flashmobs' espontáneas y quemar fotos personales en lugares específicos, elegidos casi aleatoriamente: la langosta del puerto de Barcelona, la Font del Gat, una sede de la CUP, el Registro Civil, las Escletxes del Papiol, el Tablao Flamenco Cordobés, una sede de Llongueras o el Pi de les Tres Branques. Una vez allí se procederá a quemar las fotos personales que cada cual deteste más profundamente. Excepto Carles Puigdemont, el resto de los mortales hemos cambiado de peinado varias veces a lo largo de la vida. Horroroso. Son cambios de estilo capilar que nos sitúan en el abismo de la tiranía de los 70. Aún recordamos la aparición de las inquietantes peluquerías unisex, en las que uno entraba greñudo y salía afro o de Abba. ¡Al fuego!

La CUP nos ha abierto los ojos. Hay que quemar las fotos en las que aparecemos con: pantalones de pana acampanados, camisas estampadas con cuellos gigantes como 'flaps' de un DC-10, gafas redondas de pasta, botas por encima de la rodilla, zapatos de plataforma, chalecos de flecos, chalecos hechos con arandelas, chupas ultraremachadas… ¡A la hoguera!

Por no hablar de las fotos de la primera comunión, de la mili, las de la primera boda, las de la segunda boda, las fotos de invitados a bodas de otros, las de invitados a las segundas bodas de otros, las fotos en las que aparecen una 'tieta' o dos familiares y algún amigo que han muerto, las fotos de viajes iguales que millones de fotos de viajes en las pirámides o en el Big Ben. ¡Mechero en mano!

ESTÉTICA SETENTONA

La CUP nos ha brindado, efectivamente, la gran idea de quemar fotos. Se lo agradecemos sinceramente, pero… ¡cuidado! Me fijo en la estética 'cupaire' y observo que es muy setentona. A lo mejor el suyo es un caso atípico en el que sus fotos actuales ya son 'outdated'.

¿Estaríamos ante un caso de fotos 'classical' desde el primer clic? ¿Está la CUP 'old-fashioned' ya ahora? ¿Tienen que borrar sus fotos cada vez que se hagan una? Mejor dicho, ¿deben evitar hacerse fotos? ¿Es solo un problema de imagen?

Hacerse mayor es pesadísimo, porque las modas estético-políticas vuelven y uno ya las ha vivido previamente. Hay que tener paciencia con la juventud patriótica en el tiovivo de la sublevación 'casolana'. Si no, que se lo digan a sus ancianos tutores: el políticamente extinto Mas, el dicharachero Puigdemont y el arzobispo Junqueras. Los tres a las órdenes de una CUP cada vez menos sonriente ante la cámara.

Temas: CUP

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