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Misión: acabar con la CUP

Roger Palà

No es nueva política. Era un partido independentista antes del estallido independentista. Un movimiento social de lógica 15-M antes del 15-M

En el proceso judicial por la quema de fotos del Rey, toma fuerza un relato en ambientes soberanistas que afirma que en realidad no hay una CUP, sino dos. Una CUP responsable, representada por David Fernández y los diputados de la primera legislatura en el Parlament, que estaba dispuesta incluso a investir a Mas y votar los presupuestos de Junts pel Sí. Y una CUP irresponsable y que quiere cargárselo todo, representada por Anna Gabriel y los 10 diputados cuperos actuales, radicales y intransigentes.

La realidad, sin embargo, es que la CUP de antes del 27-S y la CUP actual son la misma. Lo que ha cambiado es el escenario político: la CUP de la anterior legislatura era aritméticamente irrelevante. En cambio, la CUP actual tiene diez diputados determinantes. Mas dijo en diciembre del 2015 que la CUP no tenía tanta fuerza para "cambiar un 'president'”. Los hechos, sin embargo, demostraron lo contrario.

ACOSTUMBRARSE A LA REALIDAD

La CUP no es nueva política. Era un partido independentista antes del estallido independentista. Un movimiento social de lógicas 15-M antes del 15-M. No es un partido clásico, no le gustan los portavoces ni los cargos. Intentar negociar con ellos a cambio de cuotas de poder no funciona. Después de 40 años de poca o nula relevancia institucional y activismo de calle, la candidatura de la izquierda independentista tiene hoy 336.375 votos, casi los mismos que el PP. Hay que irse acostumbrando a esa realidad. Pero parece que pocos lo han asumido aún, en especial en el partido de Puigdemont y Mas

La lógica de la CUP sigue siendo la misma: "Agobiar a la derecha y estresar a la izquierda"”, como dijo David Fernández, y actuar como "acelerador" del ‘procés’. Ante esta situación, el objetivo de algunos actores parece ser el de generar las máximas contradicciones en la CUP para que su presencia sea testimonial en el futuro. Hay que corregir lo que consideran un gran error de la historia: una CUP decisiva en el Parlament

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