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El morbo del informe PISA

Juancho Dumall

Lo bueno del informe PISA no es solo que establece un 'ránking' de la calidad de la enseñanza en los países de la OCDE. Lo mejor es que por un día, aquel en el que se dan a conocer los resultados de esta evaluación trianual, todos nos ponemos a hablar de la educación, de su importancia y de cómo mejorarla. De modo que la publicación del informe se ha convertido en una especie de 'día mundial de la lucha contra la ignorancia', lo cual tiene --como el día contra el SIDA o contra la violencia machista-- la virtud de poner el foco unas horas en un problema y el defecto de que es la jornada perfecta para lavar nuestras conciencias por haberle dedicado un rato al asunto.

Dicho esto, el informe tiene el atractivo morboso de las clasificaciones por orden de puntuación. La competitividad entre países y, en España, entre comunidades autónomas añade un aliciente irresistible a esta evaluación. Y es allí, en el retrato implacable del 'ranking', donde entran las valoraciones, muchas veces peregrinas, de los responsables políticos.

Un ejemplo. Los malos resultados de los escolares de Andalucía en el informe difundido este martes --últimos en ciencias y penúltimos en comprensión lectora y en matemáticas--   apelaban directamente a los responsables de la Junta. Pues bien, no tardó en salir la consejera de Educación, Adelaida de la Calle, para justificar el mal resultado de la comunidad. La explicación fue que la selección de los 54 colegios andaluces para la muestra del informe estuvo mal hecha, pues incluía muchos centros con un nivel socio-económico muy bajo, es decir, donde los alumnos tienen unos padres con escaso nivel educativo y con pocos libros en casa.

RECONOCER UN FRACASO

La excusa de la consejera es el reconocimiento de un fracaso. El de un sistema escolar que es incapaz de nivelar el rendimiento de los alumnos de las capas sociales más desfavorecidas con los del resto. Es decir, la esencia de lo que tiene que ser la enseñanza como sistema de igualdad de oportunidades. Lo mejor sería utilizar los datos de PISA como una herramienta --una más-- y no como un territorio de sacar pecho o forzar argumentos para esconder un fiasco.

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