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Dos miradas

Aprender

Emma Riverola

La excelencia en lectura, matemáticas o ciencias no ha vacunado a ciertos países conta la xenofobia

Europa respiró tranquila al saber que Austria no tendría un presidente de extrema derecha. Pero no caben engaños, la xenofobia se extiende. Francia, Dinamarca, Finlandia, Holanda, Polonia y Suiza son grandes caladeros del voto xenófobo. Es curioso constatar que todos esos países han obtenido mejores puntuaciones globales que España en el Informe PISA. No es nuevo. En el 2000, el primer año en que se realizó la evaluación educativa, la mayoría de ellos también nos adelantaron en la clasificación. Los jóvenes de entonces quizá ya han votado a la ultraderecha. Los padres de los actuales, también. La excelencia en lectura, matemáticas o ciencias no vacunó ni a ellos ni a los suyos contra la xenofobia.

Aunque no hay un retrato robot del votante de extrema derecha, predomina el hombre de mediana edad, con pocos estudios, mayoritariamente obrero. Para sus hijos, la escuela es determinante, ya que es el lugar donde pueden contrastar las ideas. Entonces, aparecen ufanas aquellas asignaturas que con tanto emprendimiento relegamos a un rinconcito nostálgico o, directamente, al baúl de los trastos viejos. Aprender historia para comprender las situaciones que desencadenaron el horror del pasado y sus consecuencias. Aprender filosofía para desarrollar el sentido crítico y, de paso, aprender que la búsqueda exclusiva de la felicidad individual puede llevar al egoísmo, la superficialidad y el rechazo a cualquiera que parezca una amenaza.

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