Lectura española del referéndum italiano

Una Constitución pactada no puede ser reformada de forma unilateral

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Renzi gesticula durante la rueda de prensa en Palazzo Chigi, la madrugada del 5 de diciembre en Roma.

Renzi gesticula durante la rueda de prensa en Palazzo Chigi, la madrugada del 5 de diciembre en Roma. / AP / GREGORIO BORGIA

El resultado del referéndum italiano no respalda el catastrofismo excesivo respecto del futuro de la UE, que es cierto que se ha complicado tras la crisis del 2008, sus graves consecuencias sociales, la inestabilidad del euro, el auge del populismo, la reacción nacionalista de parte de la población ante la inmigración y el terrorismo islámico, el brexit y el triunfo de Donald Trump.

Estos fenómenos están ahí, pero su lectura negativa -a tener muy en cuenta- no siempre acierta. Los italianos no han votado, como pasó en Gran Bretaña en junio, por salir de la UE sino contra una reforma constitucional -complicada y no pactada- llevada a referéndum por Matteo Renzi, un político aplaudido por su reformismo económico pero con aires bonapartistas: o yo y mis ilustradas reformas, o el marasmo.

ANTAGÓNICOS SOBRE EUROPA

La prueba de que el voto no es contra Europa es doble. Una, se sometía a votación únicamente una reforma constitucional que daba más poder, por la prima mayoritaria a la fuerza más votada, al futuro jefe de Gobierno aunque su partido quedara lejos de la mayoría.

Dos, los partidarios del no tienen posiciones antagónicas sobre Europa. Están los populistas del Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo -algunas encuestas predicen su victoria-, que quieren un referendo para salir de Europa. Y la Liga Norte. Pero también un político centrista y europeísta, Mario Monti, al que se acusó de ser el hombre de Merkel y Bruselas cuando en el 2011 el presidente de la República, el poscomunista Giorgio Napolitano, lo llamó para relevar a Berlusconi. Y el exprimer ministro Massimo D'Alema, del mismo Partido Democrático que Renzi.

Pese a todo, los mercados   han reaccionado sin histeria

Y el también exprimer ministro Romano Prodi (centroizquierda) se inclinó por el  -pese a ser contrario a la reforma- pero solo por el temor a la inestabilidad que podía seguir a la caída de Renzi si el impasse político generaba desconfianza en el sistema bancario (hay bancos con serios problemas) y la economía italiana. Pero -toquemos madera- los mercados reaccionaron ayer sin histeria y es probable -aunque no seguro- que el presidente Mattarella pueda encauzar una salida a la crisis política.

EL ESPEJO CATALÁN

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El gran derrotado ha sido Renzi por su error capital de querer imponer unilateralmente una reforma de la vieja Constitución de 1948, que fue pactada por las grandes fuerzas políticas de entonces: democracia cristiana, socialistas y comunistas. Es una lección para España. La reforma constitucional no puede ser obra del PP contra la izquierda y los nacionalistas... ni de estos contra la derecha. Reformar una Constitución pactada, como la italiana del 48 o la española del 78, necesita un gran consenso.

Además, Renzi se ha ido cuando ha tenido el 40% de los votos en un referéndum. Aquí Mas dijo que había ganado cuando en el 2015 -en unas elecciones plebiscitarias que se presentaron como un referéndum- la coalición Junts pel Sí se quedó con el 39,6%. Dijo que había ganado porque con la CUP sumaban el 47,5%. Luego la CUP le cortó la cabeza… pero el conflicto sigue encallado.