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Ventana de socorro

Antes de que los niños aprendan a desconfiar podemos enseñarles a convivir como vacuna contra la violencia

Juan San Antonio es maestro. Aunque nació en Trujillo, Extremadura, ha desarrollado gran parte de su carrera en Marruecos enseñando a niños españoles y marroquís en Larache y Casablanca. Me llevó a conocer la medina porque, desde que se ha jubilado, es voluntario en dos asociaciones de historia de la ciudad y le gusta ser guía de visitantes. También sigue llevando por estos recorridos a muchos escolares. Dice que para su futuro es crucial que conozcan la historia de su ciudad y les habla del triángulo monoteísta: tres calles que unen la vieja sinagoga con la iglesia católica y una pequeña mezquita de elegante minarete, apenas separadas entre sí por cien pasos. Les habla de su herencia, de que antes de que España recibiera a los emigrantes marroquís, éramos los españoles quienes veníamos a Casablanca en busca de mejor fortuna de la que nos esperaba en nuestra pobretona patria.

La medina de Casablanca no es atractiva ni está cuidada. No es como las de Assilah o Essaouira, ni siquiera como la de Tánger. Uno puede intuir que aquellos avejentados edificios albergan infraviviendas. Casablanca es una ciudad inmensa y moderna con siete millones de habitantes, pero entre los edificios nuevos alternan otros que parecen abandonados o en proceso de descomponerse, como si no hubiera tiempo de mirar atrás, solo adelante. Esto no le resta un ápice de vitalidad y, como en otras ciudades de África, esa energía efervescente y la amabilidad de su gente te atrapa.

Nos despedimos y Juan me pasa sus notas, unos folios con esquemas detallados para sus pequeños alumnos. «Objetivos: integrar la diversidad, fomentar la convivencia, Alianza de Civilizaciones». Es la tercera vez esta semana que oigo mencionar el denostado programa que Zapatero propuso a Naciones Unidas. Naturalmente han sido tres personas que, sin relación entre sí, conocen bien el terreno y la necesidad, cada vez más urgente, de ahondar en el conocimiento mutuo como vacuna contra la violencia. Antes de que los niños aprendan a desconfiar, podemos enseñarles a convivir.

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