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Mi conocimiento “in situ” de los USA se limita al Estado de Texas y más concretamente a San Antonio y Austin. En ambas capitales (pero también en Dallas y Houston) ha ganado Hillary Clinton en un estado que es profundamente republicano. La urbe frente al campo.

Desconozco, por tanto, por qué un 47,3% de los votantes norteamericanos se inclinaron por Donald Trump. Tampoco veo claro, como sostienen algunos comentaristas, que el deterioro del empleo desde la crisis del 2008, sea la explicación “clave” de ese voto.  

Parece serlo para los votantes de Trump de los que, según una encuesta del Pew Research Center, un 69% afirman que el empleo se ha deteriorado mucho en los últimos años frente a un 20% de los votantes de Clinton; pero son diferencias excesivas que no pueden explicarse por la situación laboral de los votantes, muy similar en ambos bandos.

Y es que no hay evidencias de ese deterioro. Un trabajo de Alan Krueger, economista de Princeton, sostiene que la ratio de inactivos de los hombres entre 25 y 54 años creció del 4% en 1950 al 11,4% en la actualidad. Por tanto, es un proceso de largo recorrido en el que la relativa aceleración de los últimos 20 años se explica, fundamentalmente, por razones demográficas y muy poco por la crisis. Pero es que, además, hasta un 40% de esos inactivos no está en el mErcado laboral porque tiene enfermedades que les imposibilitan acceder a un empleo que exija, por ejemplo, andar o subir escaleras. De ese 40%, un 44% se medican para evitar el dolor o, simplemente, se droga.

Resumiendo: sobrepeso y depresión (ambos pueden ir unidos) como factores inhabilitantes. Una hipotética expulsión de los 34 millones de mexicanos que viven en USA no posibilitará el acceso de esta franja importante de la población al mercado laboral, simplemente, porque no están en condiciones de hacerlo.

El declive de la participación masculina no se compensa con el crecimiento de la femenina. Desde el 1990, la participación de las mujeres de 25 años o más se estancó y desde el 2007 ha ido a la baja. La conciliación tiene una parte de culpa, pero no toda. En ambos colectivos parece influir poco la coyuntura económica. Concretamente, en el año 2015, en que mejoró la situación del empleo, pocos de los que estaban desempleados, o no activos, volvieron a encontrar empleo.

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También entre los más jóvenes ha bajado su participación en el mercado laboral, fundamentalmente, por el alargamiento del periodo escolar, pero también, según la hipótesis intrigante del economista Mark Aguiar, por las mejoras en la tecnología de los videojuegos que han elevado para estos jóvenes la utilidad del tiempo de ocio frente al tiempo de trabajo. Nada que ver con la crisis.

En fin, que la explicación del porqué ha ganado Trump no cabe buscarla en el mercado laboral. O no sólo.