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Al contrataque

Sánchez desencadenado

Cristina Pardo

Pedro Sánchez cree que Catalunya es una nación y que España es una nación de naciones. Lo creía, al menos, el pasado domingo, cuando se grabó su interesantísima entrevista con Jordi Évole. Al día siguiente, uno de los socialistas que estuvo a su lado hasta que el Comité Federal echó a la dirección, Rafael Simancas, confesaba estupefacto que no sabía nada. Ninguno de los colaboradores de Sánchez ha admitido estar al tanto de esa idea de España del exsecretario general del PSOE. Es normal, sobre todo si tenemos en cuenta que meses antes el propio Sánchez había dicho que Catalunya no era una nación. Una de dos: miente ahora o mentía entonces y, de repente, ha cambiado su concepto del país que aspiraba a presidir hace cuatro días.

No fue la única contradicción de Sánchez. También responsabilizó de la falta de Gobierno alternativo a las presiones de los medios, del expresidente de Telefónica y de algunos poderes financieros. Creo que tiene razón, que a muchos no les gustaba la aparatosa suma que podía desbancar al PP. Sin embargo, no sé si Sánchez tiene más o menos razón que cuando culpaba a Podemos de que Rajoy siguiera en la Moncloa.

Durante meses, él dijo que la negativa de Pablo Iglesias a sumarse al pacto firmado por el PSOE y Ciudadanos había impedido echar al PP. Y creo que eso también era verdad, pero no sé si más o menos verdad que las presiones de las que ahora habla Sánchez; presiones, que anteriormente negó. Cuando era secretario general del PSOE, explicó públicamente que no habían existido y que de haberlas habido, no las hubiera aceptado. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Las hubo o no? ¿Fue o no culpa de Iglesias la falta de Gobierno alternativo? ¿Quiere decir Sánchez que el líder de Podemos prefirió quedarse en la oposición porque las presiones les afectaron a todos? ¿Por qué no contó esto antes? ¿A qué Sánchez hay que creer? Por cierto, ¿cuántas veces intentó él valerse de los empresarios para presionar a los medios o a los periodistas?

Creo que el ya exdiputado tiene razón cuando se lamenta por las artes gruesas que emplearon sus críticos para dejarle fuera de juego. Pero, en sus respuestas a Évole, dio una clave que puede ayudar a explicar por qué no cuajaron ni sus planes ni su liderazgo.

LA DUDA

Dijo que se había equivocado al llamar «populistas» a los de Podemos y que ahora piensa que tienen que trabajar «codo con codo». El partido no lo tiene claro: unos ven a Podemos como el enemigo a batir y otros no. Esa duda, convertida en elemento interno de presión, también fue definitiva. Sería muy interesante saber qué ha pasado realmente en el último año, sí. Y que se aclaren, hombre. Y sobre todo, que dejen de pelearse. Porque, madre mía…

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