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Ventana de socorro

Solo son fecundos los cambios políticos que empapan también nuestro día a día y las relaciones con los demás

Los caminos del cerebro humano son inexcrutables, como todos sabemos. El pasado sábado Rajoy fue de nuevo presidente, y hojeando los diarios digitales, mi cerebro se sintió irresistiblemente atraído por otra noticia, la del Premio Nacional de Ensayo concedido al filósofo Josep Maria Esquirol por 'Resistencia íntima'. Me vino al pelo tan sugerente título para serenarme y, como era tarde y no podía hacerme con el libro, busqué entrevistas con el autor.

Encontré algunas —sin ir más lejos en este diario—, en las que afirma cosas maravillosas como que las personas corrientes sabemos que vale la pena resistir y que el mejor lugar para practicar esa resistencia es la cotidianeidad y la proximidad con los demás. "La condición humana es de dificultad, de estar a la intemperie. No todo es superable. Hay problemas que no se superan, que se afrontan. Hay una sabiduría, en el lenguaje de la gente sencilla que dice que se hace lo que se puede". Terminaba yo de leer 'Oculto sendero', novela de Elena Fortún recién publicada, un trasunto de su complicada vida. Difícil vida de mujer de su época, que disfrutó de la liberación de la República para luego irse al exilio. Fortún basó toda su escritura en el detalle atento a la cotidianeidad, plantando, como propone Esquirol, semillas de resistencia en sus personajes.

Esquirol sostiene que "vivir es en parte resistir. Aunque suponga ir contra corriente, tenemos que mantener el tipo" y conectar la vida pública y la personal, pues solo son fecundos los cambios políticos que impactan en ambas esferas, empapando también nuestro día a día y las relaciones con los demás.

Sugiere crear y cuidar espacios de amparo y protección de unos para otros. Reivindica la idea de la casa, y vuelvo a pensar en Elena Fortún, que hablaba de la sensación de regresar a una casa limpia, ordenada, silenciosa.

De entre los 15 socialistas que se negaron a investir a Rajoy, nueve mujeres, quizá porque saben más de practicar esta resistencia íntima. A ellas y a sus siete compañeros, yo se lo agradezco.

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