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Editorial

Bebidas azucaradas, en un supermercado.

ELISENDA PONS

Del tabaco al azúcar

El Govern y la CUP han introducido en la negociación de los próximos presupuestos de la Generalitat la posibilidad de crear un nuevo impuesto a las bebidas azucaradas. Se quieren sumar así, teóricamente, a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que reclama esta nueva tasa para desincentivar el consumo y para compensar el gasto sanitario derivado de las dolencias causadas por los excesos en la ingesta de este producto.

Hasta aquí nada que decir. Catalunya afrontaría un debate que ya tienen o han tenido Estados Unidos, Gran Bretaña, Irlanda o México. Pero el actual momento político catalán y los protagonistas de la jugada hacen temer que estemos ante una nueva maniobra de escapismo. Gravar las bebidas azucaradas parece simplemente un camino intermedio entre las ansias de la CUP de aumentar los impuestos y el rechazo de este tipo de medidas por una parte de Junts pel Sí. Y la solución posiblemente solo serviría para cuadrar las cuentas en el papel, porque es del todo previsible que el Tribunal Constitucional rechace este nuevo impuesto en nombre de las competencias del Estado y de la unidad de mercado.

Bienvenido sea, pues, que Catalunya afronte el debate que pide la OMS y que busque reducir los excesos en este ámbito y compensar los gastos sanitarios de ellos derivados, como se hizo con el tabaco. Pero intentemos que este buen fin no sea una simple cortina de humo para salvar una votación.

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