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Ventana de socorro

La falta de bondad y respeto con los animales es el síntoma más evidente de deshumanización y amoralidad

Un amigo mío dice que él no es el dueño de su perro, que comparten piso. Pensé en sus palabras cuando leí que 100.000 perros y 30.000 gatos fueron abandonados en el 2015. La cifra me dejó estupefacta. Tengo una gata que heredé de una familia que se mudaba al extranjero (la crisis, ya saben). Preferían no someter al pobre felino a la obligatoria cuarentena y conmigo se quedó. Cada tanto cuido de un perro amoroso que vive en Barcelona, pero pasa temporadas en Madrid. Por supuesto que muchas veces tanto mi gata como el bóxer son un engorro, que el dispositivo de cuidados no es pequeño y finalmente recae sobre padres y madres, aunque quienes los trajeran inicialmente a casa fueran nuestros hijos. Naturalmente que comporta gastos atender a su alimentación y salud, que es la de todos, la de quienes convivimos con ellos como la de nuestros vecinos. Pero, ¿cómo puede abandonarse un animal? No lo concibo.

Quizá una respuesta esté en las estadísticas. Dicen que el origen del 53% de los animales de compañía es un regalo. Este índice tan alto denota un concepto de los animales totalmente contrario al de mi amigo: como propiedades. El animal se considera un bien transaccionable como una lavadora o un bolso. Es el perro como moda, como nuevo accesorio chic, como bien de consumo. Pero los humanos no somos propietarios de la naturaleza, como mucho la administramos y algún día rendiremos cuentas.

Me temo que demasiados de los que regalan animales ignoran lo más elemental sobre ellos, igual que el receptor ignora a lo que se compromete, participan de un acto irreflexivo. Entre medias solo hay una víctima: el perro o el gato, despojado de su dignidad de ser vivo. ¿Tan ignorantes somos, tan frívolos y banales como para no saber que tenemos obligaciones con ellos? No soy ni animalista ni vegetariana, pero la falta de respeto y bondad con los animales es el síntoma más evidente de deshumanización y amoralidad. 130.000 personas sin escrúpulos que los abandonan porque estorban son muchísimas. Da miedo.

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