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TENSIÓN TERRITORIAL EN ASIA

El explosivo juego de India y Pakistán

Georgina Higueras

Las dos potencias nucleares han librado tres guerras por Cachemira, una cuarta sería devastadora

El anuncio de India de que, en la noche del 28 al 29 de septiembre, comandos de sus fuerzas especiales atravesaron la Línea de Control (LoC) que divide con Pakistán la disputada región de Cachemira para destruir "siete campamentos terroristas” en los que había lanzaderas de misiles, revela un cambio en la estrategia del Gobierno de Narendra Modi frente a su vecino. Islamabad negó lo que Nueva Delhi ha denominado un “golpe quirúrgico”, aunque reconoció la muerte de dos de sus soldados en un choque fronterizo. La incursión fue la respuesta india al ataque perpetrado 11 días antes por cuatro miembros del grupo terrorista paquistaní Jaish-e-Mohammed contra la base militar de Uri, en la Cachemira administrada por India, en el que murieron 19 soldados indios.

Los incidentes a través de la LoC son frecuentes, pero hasta ahora ninguno de los dos países se había jactado de ellos. Todo apunta a que Modi ha querido, por una parte, dejar claro a Pakistán que sus acciones no quedarán impunes, y, por otra, aplacar al ala más radical del gobernante Bharatiya Janata Party (BJP), que le pide que aplaste a su vecino. Modi prometió mano dura contra Pakistán durante la campaña electoral en la que el BJP –nacionalista hindú-- se hizo con una inesperada mayoría absoluta del Parlamento. A punto de pasar el ecuador de sus cinco años de mandato, un sector del partido teme que la moderación del primer ministro le reste votos.

Al menos 80 civiles han muerto y un centenar han resultado heridos en los enfrentamientos con la policía india desde julio

India y Pakistán, ambas potencias nucleares, han librado ya tres guerras por Cachemira desde la independencia del imperio británico, en 1947. El asesinato por la policía india de un dirigente separatista, en julio pasado, volvió a incendiar la región de mayoría musulmana. Al menos 80 civiles han muerto y centenares han resultado heridos en los enfrentamientos callejeros contra las fuerzas de seguridad indias, cuya contundencia contra los manifestantes ha sido criticada por grupos defensores de los derechos humanos.

AMENAZA NUCLEAR

Una nueva guerra tendría consecuencias devastadoras para los dos países. En el peligroso juego, el ministro de Defensa paquistaní amenazó con desencadenar un conflicto nuclear, mientras el ministro del Interior indio calificó Pakistán de “Estado terrorista” y el portavoz de Exteriores sugirió la derogación del Indus Water Treaty (IWT, el tratado que gobierna desde 1960 los ríos transfronterizos). “Lo consideraríamos un acto de guerra”, declaró Mushahid Husain, asesor del primer ministro Nawaz Sharif.

Lo más destacado del Gobierno de Modi ha sido la proyección exterior de India, que se ha asentado como potencia en la región con importantes acuerdos con EEUU y sus aliados del Pacífico, como Japón y Australia, y sin descuidar a Rusia, Irán y China. Sin embargo, su prometida reforma económica se ha limitado a impulsar un crecimiento que solo beneficia a un tercio de la población, lo que genera descontento entre los 800 millones de olvidados.

Culpar a Pakistán de los problemas internos de India, como soplan al oído de Modi los más radicales del BJP, solo contribuirá a prender la mecha de una situación ya de por sí explosiva.

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