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Al contrataque

Mariposas amarillas

Ana Pastor

El 'sí' en el referéndum ayudará a avanzar en la oscuridad que ha sumido a Colombia durante medio siglo

«Es algo maravilloso y extraordinario. Es como un raro regalo de esperanza para un país que de tanto pelear se había acostumbrado a la guerra». Así resume los emocionantes días que está viviendo Colombia mi admirado Héctor Abad Faciolince. El escritor del imprescindible libro 'El olvido que seremos' perdió a su padre, médico y líder de derechos humanos, al ser asesinado por los paramilitares en agosto de 1987.

Es una de las muchas víctimas que en estas horas previas al plebiscito por la paz hace campaña por el sí. Está convencido de que sus hijos y nietos se merecen esta oportunidad histórica. Para llegar hasta la votación del domingo han hecho falta muchas cosas. Un dolor profundo y terrible de todas y cada una de las víctimas (267.162 personas asesinadas), una lucha cruenta en el ámbito militar y la voluntad política de querer sentarse a negociar. El primer discurso de Juan Manuel Santos llegado a la presidencia en el 2010 ya dejaba algunas claves: «Las llaves de la paz no estaban en el fondo del mar».

Tuve la oportunidad de entrevistar al presidente Santos en febrero del 2014. Había dado un paso más. Acababa de anunciar la medida estrella de su programa electoral. En unos meses había elecciones y decidió jugársela a una sola carta: la paz. Aquel primer examen en las elecciones de mayo le salió muy bien. Ganó y continuó en el Gobierno. Y advertía de las dificultades: «Cincuenta años de guerra no se resuelven en cincuenta semanas». Será un camino difícil. En el que no todo el mundo entenderá que las FARC estén en las instituciones (Santos ya lo defendía en aquella entrevista: «Es mejor tenerlos en el Congreso que el campo sembrando la violencia»).

ENTRE APLAUSOS Y LÁGRIMAS 

A cambio, el luminoso día en el que se firmó por fin el acuerdo, el líder guerrillero Timochenko se dirigió a la nación para decir: «En nombre de las FARC ofrezco sinceramente nuestro perdón a todas las víctimas del conflicto, por todo el dolor que hayamos podido causar en esta guerra». Después Santos lloraba al asegurar que el sí ayudará a avanzar en la oscuridad que ha sumido a Colombia durante medio siglo. Las mariposas amarillas del Mauricio Babilonia de García Márquez sobrevolaban la plaza entre aplausos y lágrimas. Libres. Sin miedo. Pase lo que pase este domingo varias generaciones de colombianos recordarán estos días. Días en los que la prensa colombiana utiliza sobre todo una palabra: estirpe. Una bella expresión para referirse al futuro, a lo que vendrá, al legado que dejamos a nuestros hijos.

Héctor Abad Faciolince ya no podrá abrazar a su padre nunca más. Ni él ni miles de familiares de las víctimas de estos 50 años. Pero quizá gracias a la generosidad de todos ellos, a partir de ahora, sus hijos y nietos podrán vivir en un país mejor del que padecieron.

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