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Editorial

Rita Barberá prefiere el Senado al PP

La «alcaldesa de España», como la definió Rajoy, deja el partido acosada por la justicia por corrupción y se atrinchera en el escaño

La resistencia numantina que ha presentado durante meses Rita Barberá a abandonar la escena política, y contribuir así a mejorar la deteriorada imagen del PP por su promiscuidad con la corrupción, se ha resquebrajado. Pero la otrora poderosísima dirigente popular ha efectuado un quiebro con el que espera estar mejor resguardada de las acciones judiciales que ineluctablemente se ciernen sobre ella: deja el partido pero no el escaño en el Senado, que era lo que le reclamaba el PP en los últimos meses, primero con sordina y desde hace unos días ya sin disimulo. De esta forma, Barberá antepone la confortabilidad del aforamiento de que goza por su condición de parlamentaria al sacrificio por un partido del que ha obtenido réditos políticos en la misma medida que se los ha aportado durante largos años, muy singularmente los casi tres lustros que ostentó la alcaldía de València.

Los acontecimientos se han precipitado desde que el lunes el Tribunal Supremo decidiera abrir una investigación penal contra Barberá por presunto blanqueo de capitales en su etapa de alcaldesa. El auto la deja a las puertas de la imputación, suerte que en este caso ya han corrido nada menos que 47 exconcejales y colaboradores suyos. Parece difícil que Barberá pueda salir indemne de las investigaciones judiciales, porque se acumulan las sospechas de importantes irregularidades en la época que administró València como su propiedad. Su poder sobrepasó el estricto límite municipal y se proyectó sobre toda la comunidad autónoma, uno de los principales epicentros de poder del PP y también de la corrupción en este partido.

En un comunicado emitido ayer, Barberá no oculta su resentimiento hacia quienes la han obligado a dejar el PP. «Evito que nadie se ampare en mí para responsabilizarme de cualquier perjuicio o para esconder sus resultados políticos y electorales», afirma con suficiencia. Mariano Rajoy se ha resistido hasta el último momento a prescindir de quien en su momento calificó de «amiga» y «alcaldesa de España». Sacrificado también José Manuel Soria y en puertas de importantes avatares judiciales por la corrupción en el PP (Bárcenas, Matas...), el presidente del Gobierno sigue esperando que se le facilite la permanencia en la Moncloa, pero la sombra del dinero irregular en el entorno de su partido parece cada día más alargada.

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