01 abr 2020

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El debate sobre el parque de BCN

El recinto de los gorilas del Zoo de Barcelona.

FERRAN SENDRA

Por un zoo del siglo XXI

Jordi Coronas

El bienestar animal, la educación y la investigación han de ser los pilares de un nuevo modelo

No descubriré nada nuevo si afirmo que el Zoo de Barcelona es un espacio obsoleto que ya no responde a la realidad del siglo XXI. Ha costado pero, por fin, el debate está sobre la mesa y ojalá se hubiera iniciado antes porque nos habríamos ahorrado decisiones erráticas y erróneas. Decisiones tomadas sin tener claro lo más elemental: ¿qué modelo de zoo queremos?

Es obvio que se han hecho inversiones para mejorar los espacios de los animales y también para mejorar la forma en que el visitante puede observarlos, pero en ningún caso se ha pensado en qué animales tenía que haber en el zoo ni tampoco cuál era su función. ¿El zoo debe ser un catálogo de animales para observar o un espacio centrado en la investigación y la educación? ¿Debemos tener delfines en cautiverio? ¿Debemos enclaustrar gorilas dentro de una jaula? ¿Debemos convertir a los leones en animales sedentarios? ¿Debemos mostrar en horario diurno animales que en su hábitat hacen vida nocturna? ¿Qué nos aportan estos animales y qué les estamos aportando nosotros? Digámoslo sin rodeos. El zoo perjudica más que beneficia a los animales, y las tareas de investigación y educación ahora no son la prioridad del centro.

Por eso, ahora que se ha abierto el melón del zoo, hemos de definir un nuevo modelo y, a la vez, tomar decisiones urgentes para salvarlo. Porque el zoo se ha de salvar, debe transformarse y debe ser un referente mundial de un nuevo modelo más didáctico, más atractivo y en el que los animales y su bienestar sean el centro de este modelo. ¿Qué proponemos desde ERC?

APUESTA POR LA EDUCACIÓN EN VALORES

Un modelo que combine la presencia de algunos animales con las nuevas tecnologías, también para hacerlo más atractivo para franjas de edad que ahora no muestran interés por los zoos. Hay una apuesta por la educación en valores y es necesario también que el zoo destaque en la labor de investigación y la cooperación de proyectos en sus lugares de origen, ya sea para rescatar especies en peligro de extinción, ya sea para aprender más de los animales en su hábitat natural.

El zoo también debe tejer complicidades y vínculos con otras entidades como el CRAM (Centro de Recuperación de Animales Marinos). Por supuesto, exigimos que deje de depender de Barcelona Servicios Municipales (BSM), una sociedad municipal con visión mercantilista. Tiene que depender de un área del Ayuntamiento que sea responsable de los derechos de los animales, la educación o la investigación.

Una vez definido este modelo, habrá también un plan de etapas. Si decidimos, por ejemplo, no tener elefantes, leones o delfines, tampoco nos los podemos quitar de encima para que vayan a otro zoo donde puedan estar en unas peores condiciones. Tendremos que respetar el ciclo de vida de los animales que hay ahora y tendremos que ir definiendo la transformación del zoo de forma escalonada.

PROPUESTA DE UN ACUERDO DE CIUDAD

A pesar de que las condiciones económicas pesan siempre en la toma de decisiones, este plan de etapas debe velar para alcanzar el nuevo modelo y a la vez mantener el zoo vivo y activo. En este sentido, proponemos un acuerdo de ciudad que todo el mundo respete y que el gobierno de turno no pueda cambiar y, para garantizarlo, hay que crear un Consell del Zoo de Barcelona que haga seguimiento y ayude a tomar las decisiones oportunas.

La primera decisión será qué hacemos con los delfines. Es evidente que no pueden vivir en una bañera como ahora y tampoco pueden ser trasladados a otro lugar, como puede ser el Oceanogràfic de Valencia, si las condiciones de propiedad, bienestar y reproducción no quedan bien definidas.

Permítanme finalmente expresar mi escepticismo respecto a las intenciones del actual gobierno municipal respecto al zoo. Visto el calendario de sesiones participativas, el enfoque que se ha dado de las mismas y las respuestas ofrecidas hasta ahora a las cuestiones planteadas por ERC, tengo el mal presentimiento de que nos pasaremos este mandato sin avanzar en esta cuestión. Quizá nos encontraremos ante decisiones populistas en busca de un titular que debilitarán el zoo actual y que pueden acabar justificando su cierre. Esta, sin duda, sería la peor decisión que podría tomar. Quizá esto contentaría a algún sector de la sociedad, pero hay que tener visión de futuro, pensar en cómo puede revertir en la sociedad e, insisto, en la educación y en la investigación.

Así pues, Barcelona tiene una gran oportunidad con el debate del zoo para ser, una vez más, referente en políticas animalistas. Hay que aprovecharla porque solo así podremos seguir diciendo con orgullo que Barcelona ha sido, es y será una ciudad líder en la defensa de los derechos de los animales.