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EL APRESTO DOMINICAL

Dos participantes en una manifestación contra el resultado del ’Brexit’, el pasado 9 de julio. 

DANIEL LEAL-OLIVAS

El canario en la mina de carbón

Josep-Maria Ureta

Los antiguos miembros del CAREC analizaron los efectos del 'Brexit'

La decisión de los británicos de abandonar la actual Unión Europea, por mayoría y en un referéndum forzado más por los gobernantes que por la población, ha provocado en el seno de la política británica algo modélico: quien pierde se va a casa. y entre gobernantes europeos, el desconcierto tras su falta de compromiso en la necesidad de que Gran Bretaña siga dentro del proyecto ilusionante de la gran Europa.

 ¿Y el mundo económico? Depende. Quienes sucumben a la fascinación de que solo el dinero y el beneficio gobierna el futuro, han visto una oportunidad especulativa, y más por la contradicción: desde la City de Londres (la ciudad dentro de la metrópoli de Londres, con alcalde propio designado y no elegido; y también el segundo centro mundial financiero tras Nueva York), se han pasado décadas denostando la afición de los eurócratas de Bruselas a reglamentarlo todo. Pero votó contra el Brexit y ahora encabeza una propuesta de segunda consulta, que demuestra su particular visión de la democracia: si no me gusta el resultado, a votar de nuevo.

Si hay un porqué del Brexit, más allá de la política y de las emociones, habrá que fiarlo, también, al análisis del mundo económico de amplio espectro, es decir, académicos, profesionales y directivos. Uno de estos foros, fue en la pasada legislatura, el Consell Assessor per a la Recuperació Econòmica de Catalunya, el CAREC. Que no esté en funciones no impide que sus miembros sigan reuniéndose para debatir la actualidad política y qué podrían aportar sus conocimientos.

Los carecos mantienen sus encuentros por dos razones. Casi seis años de debate quincenal, los viernes, en el Palau de la Generalitat, gratis et amore, acaba generando afecto. La segunda, más importante, según uno de los fijos en los encuentros, es que “ahora nadie necesita tener razón”. El último encuentro se hizo el día 8 en la sede de la antigua Caixa de Sabadell, un primoroso edificio centenario de Jeroni Martorell, gaudiniano, por invitación del decano del Col·legi d’Economistes, Joan B. Casas.

Tema único (casi; también algo de las relaciones JxS/CUP) la cuestión británica y la UE. Sin ser exhaustivos, ahí estaban Salvador Alemany, Joan Majó, Heribert Padrol, Marta Espasa, Joaquim Triadú, Oriol Amat, Andreu Mas-Colell, Joan Ramon Rovira, Germà Bel, Guillem López Casasnovas, Jordi Baiget, Toni Brunet… Para curiosones: sigue la costumbre de los reunidos de pagar a escote la comida. Veinticinco euros del menú de la empresa Ristol de Castellbisbal (servicio aparte). 

VISIÓN ALEJADA DE TÓPICOS

Al tema. Brexit. Una visión muy alejada de los tópicos publicados. Para los econometristas, el impacto puede ser de pérdida de un punto del PIB en gran Bretaña y del 0,3% en la eurozona. Prueba de que aún no hay evidencias ciertas. El análisis de aquel viernes en Sabadell se extendió más allá del resultado del Brexit, hasta buscar causas. Entendidas como la composición segmentada del voto. Los profesionales de élite (sinvergüenzas que denostan los reglamentos de Bruselas y ahora piden segunda vuelta) y los mejor tratados por la globalización han sido superados por la coalición, sin que supieran que lo eran, de jubilados, obreros mal pagados y gentes de buena fe que temen la inmigración diluya su identidad. Un cierto replegamiento a las fronteras interiores que no parece ser exclusivo de los británicos, ni patrimonio de las derechas o las izquierdas, que rememora a los luditas que rechazaban la industria a finales del XIX.  

Los carecos aceptan/exigen, una revisión profunda del modelo de la UE aunque sea a costa de aceptar la contradicción de aumentar la flexibilidad (“tantas velocidades como países integrantes”, según los más próximos a modelos anglosajones). La tesis dominante era que el Brexit no es tan trascendental como se está diciendo, puede provocar una convulsión positiva en los órganos de gobierno de la UE por su falta de flexibilidad, y ha provocado aquello que nadie quería afrontar: la amenaza populista avanza.

The canary in the coal mine, el canario en la mina de carbón, parecía el lema de los debatientes. Alude a la propuesta de John S. Aldane a finales del siglo XIX para que los mineros del carbón penetraran en la entrañas de la tierra acompañados de un canario, por su especial sensibilidad para detectar el metano y el monóxido de carbono. Un centinela avanzado. Los gobernantes europeos han abusado de sus especulaciones sobre hasta dónde podrían avanzar lejos del ambiente político que se respira a su alrededor. El canario ya no silba. Un aviso.