22 oct 2020

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TRIBUNA

Miquel Iceta, detrás de Àngel Ros, Meritxell Batet y Núria Parlon, en una reunión del consejo nacional del PSC.

JOSEP GARCIA

El PSC, en la salida del laberinto

Sílvia Paneque

No hagamos política oponiéndonos a nada, tampoco al referéndum

Cuenta una antigua historia judía que dos amigos pidieron consejo al rabino a propósito de un conflicto atascado que los hacía pelear desde hacía unos días. Cuando el primero terminó de explicarse, el rabino sentenció: "Usted tiene razón". El otro, entre ofendido y sorprendido, argumentó desde un punto de vista diferente y el rabino le escuchó con la misma atención. Cuando ya no tuvo nada más que decir, el rabino le miró pensativo y dijo: "Usted tiene razón". Entonces, la mujer del rabino que le escuchaba de lejos intervino: "Esto no puede ser". Y el rabino sentenció: "Tú también tienes razón". En las cuestiones humanas, la razón se reparte de manera compleja y los consensos son difíciles.

Los socialistas catalanes nos volvimos a atascar en el último Consell Nacional en torno a la cuestión sobre la relación entre Catalunya y España. Dentro del PSC, y espero ser justa en esta definición, todos nos sentimos plenamente catalanes, en primer lugar, y no somos independentistas. El debate se produce, en cambio, alrededor de la propuesta sobre la vía canadiense.

Me parece que tienen razón los socialistas que dicen que la movilización cuantitativa de la gente favorable a la independencia no permite utilizar el argumento del PP que de esto no se puede hablar porque es contrario a ley; que el futuro de Catalunya deben decidirlo los catalanes y que parece poco razonable que voten otras personas que no viven en el país; y que, en resumidas cuentas, el federalismo debe ser definido desde la aceptación de que las decisiones deben acercarse lo máximo posible a las personas que recibirán las consecuencias. La categoría 'nación catalana' me parece adecuada para aplicar el federalismo, es decir, libertad y pacto, porque es demostrable que somos nación por tener una cultura propia y una voluntad de gobierno compartida, que es como las han definido teóricos como Isaiah Berlin o Ernest Gellner.

También me parece que tienen razón los que opinan que la independencia de Catalunya tendría consecuencias negativas en mi país y en los pueblos de España. Opino que es verdad que un referéndum no solucionaría la división en dos mitades en la que vive el país. Ni tampoco la solucionaría alargar el 'procés' como un chicle de 18 meses a una legislatura. Es verdad que si queremos crear un vínculo fraternal y federal, la mejor manera de empezar no es una pregunta sobre una ruptura definitiva. Y que el referéndum contaría cerca de 2 millones de personas favorables a la independencia. Se equivoca Pablo Iglesias cuando dice que está seguro de que saldría ganadora la opción del 'no', tal como muy bien se lo podría explicar David Cameron tras el 'brexit'. En un referéndum podría ganar el 'sí' o el 'no', siempre por un margen estrechísimo de votos.

El rabino daba una parte de razón a todos, porque en las cosas de los humanos no hay purismos. Creo que podría haber consenso en entender el federalismo como la defensa de la máxima libertad para Catalunya para pactar con libertad en lugar de romper. La propuesta de Miquel Iceta en la ponencia marco del 13º congreso del PSC me parece acertada: una reforma radical de la Constitución de carácter federal que debería ser bien recibida fuera de Catalunya como vía de futuro; y, al mismo tiempo, no hacer política oponiéndonos a nada, tampoco al referéndum. Aunque no es nuestra propuesta, no situemos en contra argumentaciones legalistas de principio inferior al democrático en caso de que sea mayoritario. Este mismo consenso, sin embargo, lo reclamo a favor de Catalunya, porque no existe ahora, en el Govern de la Generalitat. Busquemos consensos.