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LA RATIO

Impresión

Josep-Maria Ureta

Barack Obama, en su discurso del 12 de febrero del 2013 ante el Congreso y Senado de los EEUU, conocido como del Estado de la unión (y no de la nación como traducen aquí los perversos), dijo: "El año pasado, creamos nuestro primer instituto de innovación en la manufactura en Youngstown, Ohio. Un almacén que había estado cerrado actualmente es la sede de un laboratorio de arte en el que nuevos trabajadores están haciéndose expertos en impresión de 3D, que tiene el potencial de revolucionar la manera en que hacemos prácticamente todo". A resultas de este párrafo, incrustado a sabiendas en uno de los discursos más influyentes en la economía global, se supo que la administración Obama había ordenado que todas las escuelas de EEUU dispusieran de impresoras 3D en las aulas de los más pequeños (párvulos, para entendernos). Cualquier garabato de colores debía poder trasladarse a su dimensión en el espacio.

Se empieza por fabricar piezas de plástico con impresoras 3D , que desplazan a las máquinas inyectoras tradicionales. Luego se suple a los matriceros de alta precisión por impresoras digitales que les superan todas sus habilidades acumuladas. Y tras el plástico, maleable, aparecerá el 3D de los metales capaz de fabricar aviones. Obama lo avisó.   

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