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Victoria en la feria

Domingo Ródenas de Moya

Sonriente y gentil, ante una larga fila de lectores pacientes, Joël Dicker, el autor de 'La verdad sobre el caso Harry Quebert', firmaba ejemplares en la Feria del Libro de Madrid. Era la imagen (suiza) del triunfo: juventud, talento y ventas. Pensé, por una de esas simetrías y anacronismos que, según Borges, gustan a la realidad, en una escritora que no puede firmar y en un libro que no estaba en la Feria (aún). La escritora es Victoria, que en Argentina fue durante mucho tiempo, hasta su muerte en 1979, solo una: Victoria Ocampo. Y el libro es, a decir verdad, varios libros, porque reúne su 'Autobiografía' y sus 'Testimonios', una penetrante galería de los personajes con los que se relacionó. El título que lleva, 'Darse' (Fundación Banco Santander), es certero, porque la Ocampo se dio sin medida como promotora cultural y como intelectual, como admiradora y como amante.

Victoria fue el centro de un bullicio intelectual hoy extinto. Educada en francés e inglés, viajó desde Buenos Aires a París, Londres, Roma o Nueva York para reunirse con gentes como André Gide, Virginia Woolf, Mussolini Waldo Frank, pero aún fueron más quienes la tuvieron en Buenos Aires como anfitriona: Igor Stravinski, Rabindranath Tagore, José Ortega y Gasset, el conde de Keyserling, García Lorca, Roger Caillois, Ernst Ansermet o Drieu La Rochelle. Algunos de estos se enamoraron de ella y alguno -La Rochelle- en un grado de obsesión que lo acompañó hasta el día de su suicidio. Victoria fue una mecenas irrepetible: disolvió la fortuna familiar en una empresa altruista (esto es, ruinosa): la revista 'Sur' y su editorial anexa, que fue el escaparate en español de la mejor literatura universal. Supo advertir el talento de algunos de sus colaboradores, como Jorge Luis Borges, al que publicó sus primeros cuentos, reunidos en 'El jardín de senderos que se bifurcan' (1941), y al que hizo nombrar director de la Biblioteca Nacional.

Pero además de esa Victoria para los otros, hubo una para sí misma que, sin embargo, también se vertió hacia afuera: la escritora autoconsciente que quiso escribir como mujer (se lo contó a Virginia Woolf) y que, al dar forma verbal a su experiencia, acabó describiendo una intimidad libre y tumultuosa. ¡No es poca cosa recuperar la voz inigualable de Victoria Ocampo!