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El gesto de las mujeres sirias que se quitan el burka que las cubría tras ser expulsadas las fuerzas del Estado Islámico de la zona donde viven ha concitado una gran ola de solidaridad en las redes sociales. No sólo se desprenden de esta prenda opresora sino que debajo lucen trajes de todo tipo de colores y en la cara, unas sonrisas enormes.

De Siria no nos llegan nunca noticias esperanzadoras. La guerra parece imposible de detener y aunque de vez en cuando se nos habla de treguas puntuales, la realidad es que el fin del conflicto no se atisba por ningún lado. Por eso se celebra tanto que nos lleguen estas imágenes de la zona de Manbiy, en la región de Alepo.

Hay colectivos musulmanes que reivindican el derecho a que las mujeres vayan cubiertas con el velo integral. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña suspendió los artículos de la ordenanza de civismo del Ayuntamiento de Reus que prohibían el uso del burka y el niqab. El argumento del Tribunal para justificar su decisión fue que vulneraba el derecho a la libertad religiosa.

Es un debate que tiene abierta nuestra sociedad. En Reus, París o Bruselas: ¿Las mujeres llevan el burka porque quieren porque se lo imponen sus maridos o familiares?

Las mujeres sirias que exhiben su alegría al deshacerse de este corsé explican al mundo que, en cualquier caso, es intolerable que tengan que llevarlo por miedo a los que dictan las normas en las ciudades donde viven.

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Las fotos de Rodi Said o Jack Shahine son una bocanada de aire fresco y de esperanza en medio de un conflicto en el que la mujer es víctima principal. Nos recuerdan que vivimos en un mundo desigual donde en unos rincones discutimos si las mujeres tienen derecho a llevar velo cuando trabajan como funcionarias públicas y en otros lugares pretenden prohibir que lo lleven por la calle porque tienen que llevar encima una prenda que las invisibilice totalmente.

El próximo día 20 se conmemora el Día Mundial del Refugiado. La víspera, el domingo 19, se organizarán manifestaciones en todo el mundo en solidaridad con los millones de mujeres y hombres que huyen de situaciones como las viven las mujeres risueñas de Manbiy. Su gesto es una de las mejores llamadas a participar en estas manifestaciones.