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Los jueves, economía

Ilusiones de un mundo al borde del caos

Antón Costas

Crece el temor a que con el TTIP las grandes empresas impondrán sus intereses a los de los ciudadanos

Una nueva fuente de malestar ha surgido en Europa. Es el temor a los efectos que pueda tener el tratado de libre comercio que están negociando secretamente la Comisión Europea y la Administración norteamericana de Obama, conocido por las siglas inglesas TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership).

A diferencia del malestar social con la crisis y las políticas de austeridad, que ha calado en mayor medida en las sociedades del sur de Europa, el temor a los efectos de este tratado es más intenso en las sociedades europeas más ricas. Su epicentro es Alemania. Allí se celebran grandes manifestaciones todas las semanas. Manifestaciones que son lideradas por un nuevo tipo de organizaciones, formadas fundamentalmente por personas pertenecientes a las clases medias y profesionales. Pero es un malestar que, poco a poco, se va extendiendo al resto de países europeos, como España.

CONTESTACIÓN EN EUROPA Y ESTADOS UNIDOS

La reacción a los tratados de libre comercio está siendo también muy fuerte en la sociedad norteamericana. Además del que está negociando con la Unión Europea, la Administración de Obama ha firmado ya otros tratados con los países asiáticos. Estos tratados están siendo muy contestados por las clases medias y trabajadoras y por los sindicatos. Su temor es que sean ellos los perdedores y que solo se vean beneficiadas las grandes empresas.

Este temor está teniendo una gran influencia en la campaña presidencial estadounidense. Tanto el candidato republicano Donald Trump como el demócrata Bernie Sanders se han puesto al frente de ese malestar y se oponen abiertamente a los tratados, alimentando un nuevo nacionalismo norteamericano.

En Europa, después de las manifestaciones de las últimas semanas en Alemania y Francia, Angela Merkel y François Hollande, este con la proximidad de las presidenciales, están adoptando una posición más cauta que la que habían expresado hasta ahora y en la reciente visita de Obama a Europa.

LAS LECCIONES DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

¿Son acertados los temores de sus detractores? En todo caso, ¿cuáles son los argumentos de los defensores de estos tratados de libre comercio? Tanto la Comisión Europea como la Administración de Obama, y las grandes empresas y sus patronales, acusan a sus detractores de populismo y sostienen que el TTIP traerá una nueva etapa de crecimiento y progreso social.

Estos argumentos me traen ecos del pasado. Son con un déjà vu, algo que ya hemos visto en otra época. Y así es. También a finales del siglo XIX y en la primera década del XX, en medio de una creciente desigualdad y pobreza, los gobiernos y las grandes empresas defendieron nuevos tratados de comercio con el argumento de que traerían una nueva etapa de paz mundial, de crecimiento económico y de progreso social. Pero en realidad eran solo las ilusiones de las décadas imperiales previas al desastre de la primera guerra mundial. La historia nos enseña que más globalización no es mejor globalización.

Quien quiera comprender cómo se crearon, y a qué intereses respondieron, esas fantasías sobre las bondades del libre comercio en medio de un mundo que ya estaba al borde del caos encontrará una excelente explicación en el libro de John Maynard Keynes Las consecuencias económicas de la paz, escrito en medio de la negociación del Tratado de Versalles que siguió al final de la primera guerra mundial. Y también en la biografía del gran escritor austriaco de la época Stefan Zweig El mundo de ayer. Memorias de un europeo.

EUROPA GOBIERNA PARA LOS GANADORES

Los nuevos movimientos contra el TTIP están poniendo en evidencia la debilidad de los argumentos económicos de los defensores del tratado. También desde el ámbito académico están surgiendo voces competentes que ponen sordina a sus pretendidos beneficios y reconocen que habrá perdedores. Además, la filtración de una parte de los papeles secretos de la negociación muestra que los temores de que las grandes empresas estén imponiendo sus intereses a los de los ciudadanos y los estados tienen fundamento.

¿Cómo es posible que en medio de una crisis que ha sido devastadora para el empleo y los ingresos de las clases trabajadoras y medias la Comisión Europea se empeñe en políticas cuyo efecto cierto será empeorar el empleo y las condiciones de vida de millones de personas, mermar la protección de los consumidores y debilitar la soberanía de los estados? La respuesta es que las políticas europeas hoy solo responden a los intereses de los ganadores. Mientras los gobiernos no reconozcan que las políticas tienen ganadores y perdedores, estaremos al borde del caos. Lo que estamos viendo es la rebelión de los perdedores.

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