Al contrataque

Pasa o pistacho

La madre de Forrest Gump se equivocó profundamente. La vida no es como una caja de bombones

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Las pasas no son frutos secos. Lo siento, pero no. Basta ya de llamarlas así. Un fruto seco que no cruje no es un fruto seco. Lo será en su definición, lo será en el diccionario, por eso los diccionarios no se comen, pero las palabras sí.

Habrá a quien le gusten -merece vivir también-, pero a mí no hay nada que me dé más rabia que encontrarme una pasa en medio de un surtido de frutos secos. Estás ahí disfrutando de tus cacahuetes, kikos y almendras, cuando de repente, zas. El ritmo de tu masticar se ralentiza, todo se reblandece y los que pasamos de los 40 ya sabemos la rabia que da cuando todo se reblandece sin previo aviso ni explicación.

Las compañías aéreas -que de las malas compañías son las peores- se dieron cuenta hace tiempo de que las pasas no son del gusto de todos, y empezaron a repartir frutos secos en bolsitas opacas. Dijeron que así protegían su contenido de la luz, pero mintieron como nunca. Era de nuestra vista de lo que lo querían apartar. Para colarnos cada vez más pasas y menos frutos secos. He llegado a contar hasta diez pasas en una sola bolsita. Diez. Sí, sí. Diez.

BOMBONES Y FRUTOS SECOS 

La madre de Forrest Gump se equivocó profundamente. La vida no es como una caja de bombones, porque las cajas de bombones ya vienen con guía de consumo, dibujitos o incluso fotos que acompañan al surtido, en las que te explican de qué están hechos los bombones que te vas a meter entre michelín y cartuchera. Y así puedes elegir los que más te gustan primero. Aunque acabes por consumirlos todos cuando ya no quede más remedio. Ojalá siempre supiésemos de entrada de qué está hecha la gente antes de que la pudiésemos probar. Pero todos sabemos que no. Que la vida es más como un surtido de frutos secos en bolsitas de avión. Tú vas comiendo tus rutinas confiadamente hasta que de pronto, bum. Una pasa entra en tu boca y entonces ya es demasiado tarde. Ya está en tu boca. Te la tragas o la escupes. Pero el sabor, su recuerdo, queda.

Una vez tuve suerte y me encontré un pistacho. Mira que es difícil, porque un pistacho hay que pelarlo y vete tú a saber de qué proceso de bolsitas de lujo debió caerse. Pero ahí estaba. Entre todos los frutos secos comunes y todas las malditas pasas, un pistacho peladito y delicioso.

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En esta vida, o eres pasa, o eres pistacho. Eso si eres relevante para alguien. Porque también puedes ser del tipo de frutos secos que nadie es capaz de recordar. Esa es y será siempre tu decisión.

El problema no es lo que tú seas. El problema es todo lo que te tocará comer a ti. La cantidad de bolsitas que -para encontrar un pistacho- deberás comerte primero. La cantidad de pasas que -para poder seguir comiendo- deberás tragarte, antes y después.