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Balance de un año de gestión municipal en Barcelona

El cambio que ya estamos construyendo

Gerardo Pisarello

Lo que parece imposible puede hacerse realidad cuando a las siglas se anteponen las necesidades reales de la gente

Este último ha sido un año de grandes expectativas y de grandes esperanzas. Hemos visto a millones de personas exigiendo en las calles y en las urnas nuevos aires, nuevas políticas y nuevas maneras de hacer las cosas. También hemos visto arrogancia, nervios y desdén entre quienes siempre han mandado. Entre quienes, interesadamente, querrían mostrar que todo intento de cambio está condenado al fracaso. Y que quien venga acabará, fatalmente, convirtiéndose en uno más de los siempre.

En Barcelona estamos demostrando que las cosas pueden ser de otro modo. Y no solo porque las instituciones se hayan llenado de gente común, que no provenía de las familias de siempre ni tenía vínculos con los grandes poderes fácticos. También porque las políticas de fondo, las que afectan a las condiciones de vida concretas de los vecinos y vecinas de la ciudad, comienzan a ser otras. Ya en octubre del año pasado, comenzamos a mostrar que se podían hacer políticas alternativas en muchos ámbitos, empezando por los presupuestos y los impuestos. Y que el dinero de todos podía servir no solo para hacer más, sino para hacerlo diferente y mejor.

Primero decidimos que había 100 millones de euros que no podían quedarse en la caja. Nos dijeron que no se podía. Que no había manera de sortear el asfixiante corsé de la 'ley Montoro', aprobada por el PP y CiU. Que no había manera de desafiar las exigencias 'austeritarias' de la troika para toda la Europa del sur. Pero lo hicimos. Ello permitió financiar un plan de rescate social destinado especialmente a quienes peor lo están pasando con la crisis. Incluía, entre otras medidas, más becas comedor, un crecimiento exponencial de las ayudas a la vivienda para familias sin ingresos o la multiplicación de los planes de ocupación.

POLÍTICA FISCAL

Poco después, en el mes de diciembre, nos dijeron que no teníamos política fiscal. Y aprobamos unas ordenanzas que suponían un giro completo en la política impositiva de CiU. Se bloquearon los aumentos indiscriminados en el recibo del IBI. El impuesto se congeló a la inmensa mayoría de la población y se aumentó a una pequeña minoría rica, lo que sirvió para asistir a más familias con rentas más bajas. Al mismo tiempo, se aprobaron ayudas fiscales al mundo de la cultura, al pequeño comercio, a los autónomos, a las asociaciones vecinales. Todo ello está contribuyendo a forjar un modelo fiscal barcelonés propio, más justo y redistributivo.

Y ahora, cuando muchos anunciaban un fracaso, se ha aprobado una nueva propuesta presupuestaria. Con ella se destinan 275 millones de euros más a inversiones sociales y en barrios. El cambio es enorme. Un aumento del 33% de las políticas de servicios y promoción social. Un aumento del 6% de las partidas destinadas a dinamizar la actividad económica e impulsar la ocupación de calidad. Más recursos para todos y cada uno de los diez distritos de la ciudad.

AVANCES CONCRETOS

Hay quien querrá minimizar esta transformación buscando falsas polémicas y titulares sesgados. La ciudadanía debería fijarse en los avances concretos que todo esto supone. La llegada del metro a barrios postergados como la Zona Franca. 3.500 niños y niñas más con mejor alimentación. Los presupuestos con mayor inversión en vivienda de alquiler social. Más servicios de teleasistencia para las personas mayores. Dignificación del trabajo invisible de tantas mujeres. Un crecimiento notable de los programas de salud comunitaria. Un impulso decisivo a la economía cooperativa, al 'software' libre, a las políticas contra la violencia machista.

Y esto, sin un solo recorte social. Y con un gobierno de 11 concejales. Que desde luego no ha estado solo. Que ha contado, sobre todo, con el apoyo (muchas veces crítico, como es obvio) de ERC, del PSC y de la CUP. Este frente amplio, plural, quita el sueño a quienes querrían una Barcelona conservadora, paralizada por el fatalismo y condescendiente con la creciente desigualdad. Pero ha mostrado que cuando se anteponen a las siglas las necesidades de la mayoría, lo que parece difícil, incluso imposible, puede hacerse realidad.

CONTRA LA RESIGNACIÓN

Es mucho, sin duda, lo que queda por corregir, por mejorar, para estar a la altura de las demandas ciudadanas de nuestro tiempo. Hoy, sin embargo, tenemos modestas pero sólidas razones para levantarnos contra la resignación. Contra quienes prefieren obstinarse en el mantra de que 'todos son iguales'.

Frente a los profetas del desánimo, Barcelona lanza hoy un mensaje de esperanza. A muchas otras ciudades de Catalunya, de España, y también de Europa. Un año después, mostramos que se puede. Que hay alternativas. Y que las estamos construyendo. Con valentía, con audacia, con alianzas, con amor por nuestra gente, y sin pedir permiso a los privilegiados de siempre.

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