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Para que lo entienda su nieto

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Para que lo entienda su nieto

LEONARD BEARD

Como los sucesos históricos tienden a repetirse cada cierto tiempo, sería bueno que fuéramos capaces de explicarle a nuestros nietos en qué consistió la crisis financiera de los inicios del siglo XXI. Hace un par de semanas se ha admitido a trámite la querella que mejor explica el funcionamiento bancario que nos condujo a la ruina. En principio está dirigida contra Bankia, que era entonces una caja de ahorros, y el objetivo de la acción judicial es precisar en qué consistía el modelo de crédito hipotecario que se concedía con alegría. La dinámica era sencilla. Bastaba con tasar el piso que se quería comprar por encima de su precio real y eso posibilitaba al banco a conceder la hipoteca a la medida. En el camino dejaba de tener importancia si se asumían riesgos insostenibles, si se cargaba al cliente con una hipoteca superior a la que podía hacer frente y, sobre todo, carecía de relevancia que el precio estuviera inflado sobre mercado. Todo era un convite mayúsculo.

Para ello era necesario que las empresas tasadoras renunciaran a la razón de ser que las define. No tasaban de manera objetiva, sino que lo hacían a demanda del banco. El piso tiene que valer tanto y ellas accedían graciosamente. Al fin y al cabo, vivían de la comisión por tasación. La tasadora podía pertenecer incluso al propio banco para festín completo. Pero, se preguntarán algunos, ¿por qué querrías engañar a tu propia empresa? Muy sencillo, los directivos llevaban comisión por crédito concedido y el fondo bancario de garantía estatal, cuando llegaran los problemas, se haría cargo del agujero. Es decir, que ciertas personas se hicieron ricas en el camino, mientras el dinero de todos se volatilizaba. Pagar ese desfalco ha costado y cuesta recortes en todas las partidas sociales, asumida la degradación de la vida en nuestro país como un mal irremediable.

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La complicidad de tasadoras, bancos y ciertos notarios, que en muchos casos permitieron avales cruzados entre gente, muchos de ellos inmigrantes, que eran forzados a apoyar créditos de personas a las que no conocían para así acceder a crédito propio, fue un secreto a voces en el funcionamiento hipotecario español de final del siglo XX. Los directivos de Bankia no fueron los únicos que dominaron ese arte tan extendido de arruinar tu empresa mientras te forrabas, pero en su caso sumaban el agravante de estar nombrados y protegidos por el poder político, a cambio de ser el brazo financiero de sus desmanes urbanísticos, que endeudó ayuntamientos y comunidades y permitió la financiación ilegal de los partidos. El arranque de esta querella apenas ha merecido atención informativa, parece que hay cierta fatiga ya tras ver que ningún alto cargo ni banquero termina entre rejas. Pero conviene no olvidar lo sucedido para saber contarlo cuando llegue la hora, porque los niños preguntan y los viejos reviven lo que ya padecieron en su juventud con otros nombres y formas. 

Conviene llamar la atención sobre el detalle de que el departamento de Anticorrupción ni ha iniciado la querella ni se ha sumado a ella. Explica quizá el otro dato fundamental para explicarle la crisis hipotecaria a nuestros nietos. Tampoco los mecanismos de control institucional, la vigilancia monetaria ni el rigor legislativo hicieron nada por frenar un descontrol bancario que se llevó por delante el ahorro de la población, planeado con la promesa de una jubilación solvente.

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