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Al contrataque

La política y la prensa

Ana Pastor

Plantarse ante el PP, sobre todo cuando gobierna, es bastante más complicado que ante los nuevos partidos

Como dije ayer en las redes sociales, me parece impresentable lo que hizo Pablo Iglesias señalando al periodista de 'El Mundo', Álvaro Carvajal. Las razones para mí son evidentes: en lugar de hacer crítica a un medio, a varios, o a la prensa en general (en su derecho está, solo faltaba), Iglesias personalizó en un periodista, con nombres y apellidos, y además utilizó, según explicó, una conversación privada para contarla públicamente sobre cómo es el día a día en algunas redacciones.

Supongo que a él o a cualquier dirigente de su partido l no le gustaría que los periodistas nos saltásemos los 'off the record', una de las reglas no escritas que regula en parte las relaciones entre prensa y política. Pero además Iglesias, en lugar de hacer esas declaraciones en un momento y lugar en el que el periodista en cuestión pudiera rebatir sus argumentos, eligió un foro con un público a favor que había ido a escucharle hablar de populismo.

A LA ORDEN DEL JEFE

Una tercera consideración: en su discurso contra la prensa, Iglesias da por hecho que cualquier noticia negativa (no hablo de falsedades) sobre su partido no está justificada sino que responde a la orden de un jefe cuyo interés es destruir a Podemos. Lo dicho. Impresentable.

Pero no nos engañemos. No nos hagamos trampas. Los periodistas no somos intocables. Y llevamos décadas en España haciendo cosas que nos sitúan como una de las profesiones peor valoradas y menos fiables. Nos lo hemos ganado a pulso. Por el silencio, casi general, cuando Rajoy salía en un plasma o cuando hablaba de «martilleo» para criticar a los medios que hablan de la corrupción del PP. Por la aceptación, casi general, de que Soraya Saez de Santamaría seleccione qué periodistas pueden preguntar en la rueda de prensa donde se explica lo que hace el Gobierno (nada más y nada menos) y lo haga sin criterio de imparcialidad, sino de comodidad.

Por las risitas, casi generales, cuando Esperanza Aguirre intenta ridiculizar a la periodista Cristina Pardo y además se refiere a su medio como 'La Secta'. O cuando el ministro Alfonso Alonso habla de «cacería» contra Soria en lugar de hablar de sus mentiras destapadas en los 'papeles de Panamá'. No recuerdo ningún editorial de cuando Carlos Floriano y Ramón Moreno señalaban cada semana en rueda de prensa a Fran Llorente al que incluso llegaron a acusar de malversación de fondos públicos. Por no plegarse a ellos. Por hacer periodismo. Por esa y otras razones pudo ser cesado después con tanta impunidad.

Plantarse ante el PP, sobre todo cuando gobierna, es bastante más complicado que ante los nuevos partidos. Si no nos hacemos respetar nosotros, difícilmente nos respetará la ciudadanía. Ojalá el lamentable señalamiento de Pablo Iglesias nos sirva para ser sinceros con nosotros mismos y con la sociedad a la que nos debemos.

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