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La economía y la calidad de vida

Una modesta propuesta para BCN

Joan Herrera

La ciudad puede ser un ejemplo de sostenibilidad si apuesta decididamente por las energías renovables

Pronto hará un año de unas elecciones municipales que cambiaron muchas cosas. Desde entonces en Barcelona se han captado una energía renovada y un proyecto tan estratégico como el del Besòs. Toda época necesita de grandes ideas, de grandes motores de cambio y de una gran definición estratégica. Así lo entendió uno de los grandes alcaldes de la ciudad de Barcelona, ​​Pasqual Maragall. En este artículo quisiera hacer una modesta contribución a mi ciudad.

La visión y orientación que aquí se plantea es la de hacer de Barcelona un ejemplo de la sostenibilidad. Los vectores de cambio son dos. La energía por un lado. El otro vector son las ganas de la gente de vivir diferente. ¿De qué se trata? Toda sociedad se articula en torno al consumo de la energía. Hasta ahora, las fuentes de la energía estaban en manos de unos pocos. Combustibles fósiles o grandes centros de producción eléctrica. Pero la aparición de las fuentes renovables es un cambio de paradigma. Ahora el acceso a la energía puede ser de todos y para todos. El salto tecnológico en los últimos años -reducción de costes en fotovoltaica del 80%- y el incremento del precio de la electricidad -ha llegado a subir el 60% con respecto al inicio de la crisis- aún lo cambia todo más. En paralelo, son muchos los sectores que articulan y construyen. Desde una cooperativa de consumo como Som Energia a la denuncia de la Pimec de tener la electricidad más cara, lo que afecta a la competitividad de nuestras empresas. Pero las barreras para el ahorro, la eficiencia y el impulso de las energías renovables se mantienen; barreras legislativas, políticas o la simple inacción.

NUEVO OPERADOR ENERGÉTICO

Es aquí donde el liderazgo de una Administración decidida puede ser revolucionario. Lo han hecho otros. Como simples ciudadanos podríamos ir a un centro de referencia. Allí podríamos exponer nuestras necesidades energéticas y nuestras potencialidades. Las empresas, de forma cooperativa, nos podrían ofrecer el proyecto de rehabilitación energética, con impulso del autoconsumo y con mejoras térmicas y de habitabilidad. La financiación de los proyectos podría venir del ahorro energético. Con las reducciones de consumo o la producción eléctrica podríamos financiar los proyectos. Podría haber fondos que permitiesen la movilización de parte del ahorro hacia a reconversión verde de la ciudad. Y las administraciones, con un nuevo operador energético, y atendiendo al principio de proximidad entre producción y consumo, podrían comprometerse a contratar la energía sobrante.

De esta manera se podría reducir la huella ecológica y empoderar a la ciudadanía como prosumidores (consumidores y productores a la vez). Permitiríamos que el sector de la construcción encarase un proceso de 'reconversión industrial' potente, comenzando a bascular hacia la rehabilitación, en una realidad urbana que no puede crecer pero sí cambiar. Nacería una industria auxiliar potente y que no se puede deslocalizar, generando así puestos de trabajo. Empresas a menudo demasiado pequeñas comenzarían a colaborar, cogiendo tamaño y volumen. Reduciríamos la factura energética y el precio de la electricidad. Evitaríamos las grandes pérdidas en el transporte de la electricidad. Se podría mejorar la calidad del aire. Y mejoraríamos en calidad de vida. Haríamos la ciudad un poco más nuestra.

MEDIOS A DISPOSICIÓN

No se trata de inventar nada nuevo, sino de llevar las mejores prácticas. Tres son los ejemplos a seguir. Copenhague, la capital verde del norte de Europa, ha establecido el objetivo de alcanzar el 100% y convertirse en la primera capital de carbono neutral para el año 2025 y en cuyas instalaciones eólicas participa el movimiento vecinal. Otra experiencia es la de Hamburgo, de dimensiones similares Barcelona, ​​donde se establece una estrategia en materia de movilidad y donde esto se acompaña de un cluster potente en el sector vinculado a las renovables. Y la tercera es Friburgo, líder en multitud de aspectos y donde destaca su estrategia de ahorro, eficiencia y movilidad sostenible.

La energía es por donde han pasado muchas de las relaciones humanas, sociales, industriales... y hoy vivimos un cambio tecnológico que permite -si la legislación y los poderes ayudan y no lo imposibilitan- un modelo de generación distribuida, democrática, con valor añadido, de todos y para todos. Tenemos fortalezas extraordinarias para hacerlo: un clima privilegiado; las ganas de la gente y de cada vez más sectores económicos; un precio de la electricidad de los más elevados de Europa; profesionales y universidades preparadas. Y ahora necesitamos de la audacia y la visión necesaria para hacerlo realidad.

La propuesta no es solo pintar de verde. La propuesta es hacer de la ciudad y de su gente, de las ganas de vivir diferente y de la evolución tecnológica de las renovables un gran vector de cambio de la sociedad. Una ciudad al alcance de todo el mundo y donde mejore la vida para todos.