'Koiné', va a ser que no

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Presentación del manifiesto del Grupo Koiné en el paraninfo de la UB, en marzo de 2016.

Presentación del manifiesto del Grupo Koiné en el paraninfo de la UB, en marzo de 2016. / CARLOS MONTAÑÉS

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El manifiesto de un grupo de lingüistas –Koiné- exigiendo que el catalán sea la única lengua oficialKoinécatalánúnica lengua oficial en una hipotética república independiente tiene el peligro de echar al traste muchos años de trabajo tanto del catalanismo como del independentismo. No solo por su propuesta de imponer una lengua en un estado –que es una idea propia del siglo XVIII y no del siglo XXI- sino por el relato alternativo que plantea de la historia de Catalunya desde 1714 hasta hoy y del papel de la lengua en ese devenir histórico. Sus argumentos no han formado parte jamás del catalanismo hegemónico y muchos pensábamos que tampoco formaban parte ahora del independentismo que también pretende serlo. Los autores de este manifiesto vuelven al paradigma etnicista y colonial: Catalunya no existiría si no tuviera una lengua propia y ha sido “dominada” no solo por el Estado sino también por la mitad de sus habitantes. Fueron este tipo de planteamientos los que hicieron durante siglos del independentismo un movimiento residual, no solo en el país sino principalmente dentro del catalanismo. Por diversos motivos.

En primer lugar, el catalanismo ha considerado siempre que el problema político lo tenían los habitantes de Catalunya con el Estado, ni entre ellos ni con los habitantes del resto de España. Así lo vieron los regionalistas de derechas y los federalistas de izquierdas. En segundo lugar, el catalanismo sobrevivió al franquismo gracias a un lema surgido de las entrañas del PSUC: “dues llengües, un sol poble”. Y en tercer lugar, la adscripción a la catalanidad nunca se ha basado en la asimilación lingüística: es catalán –ha dicho el catalanismo- quien vive y trabaja en Catalunya y quiere serlo. La desvinculación entre lengua  y ciudadanía no es pues una mera táctica del independentismo para crecer sino que forma parte del núcleo duro del catalanismo. Este manifiesto será utilizado con razón por quienes siempre han defendido que el catalanismo o el independentismo eran un nacionalismo totalitario con piel de cordero. Los nervios gremiales han traicionado a todo un movimiento cívico. Sus líderes, si aún existen, se la juegan en este envite: o lo atajan o el independentismo volverá a ser residual como cuando lo dirigían algunos de los firmantes.