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La rueda

El valor del silencio

Antón Losada

Lo único que impide hoy que España tenga un nuevo gobierno es algo tan sencillo como que ninguno sabe callarse a tiempo

Si aún conservan interés por esto de los pactos y quieren saber quién le está sacando más rendimiento a su voto en la investidura no tienen más que fijarse en cómo les va hoy a los protagonistas. En política, como en la vida, las palabras hacen compañía pero lo que cuenta son los hechos.

En Ciudadanos parece probable que se estén planteando pedir la canonización de Albert Rivera. Los socialistas disfrutan de un periodo de paz que no recordaban desde cuando la masa gritaba en los mítines «Felipe, capullo, queremos un hijo tuyo». Ya es primavera en el PSOE. Los barones solo baronean en sus baronías y Pedro Sánchez no tiene ni que fajarse con Mariano Rajoy porque de eso ya se ocupa el líder naranja, que anda con ganas y necesita abrir hueco.

En cambio, el PP cada vez recuerda más a la España de principios de los años 70, cuando hasta la gente parecía gris y todo el mundo hablaba en susurros por si les vigilaban. Todos saben que el caudillo agoniza pero nadie se atreve a decírselo porque nadie quiere perder sus posibilidades de ser caudillo.

Podemos le ha venido la crisis de la adolescencia. Era cuestión de tiempo que diera síntomas de fatiga un modelo aparentemente asambleario en su funcionamiento pero jerarquizado en su toma de decisiones. La presión por la investidura solo ha agudizado esa contradicción. No molesta el tono empleado por Pablo Iglesias, molesta su poder.

Quienes han pactado para gobernar están más fuertes y los demás se ven más débiles. Así se construyen los pactos. Lo único que impide hoy que España tenga un nuevo gobierno es algo tan sencillo como que ninguno sabe callarse a tiempo. Cuando descubran que la política no se hace en la televisión y sale mejor negociar que pasarse el día matizando las declaraciones del día anterior, habremos dado un paso definitivo.

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