23 oct 2020

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Pablo Iglesias, en el Congreso.

Juan Manuel Prats

Fortuna y virtud. Zorro y león

Joan Subirats

Podemos deberá seguir combinando agresividad y propuestas

En su primera intervención en el Congreso, Pablo Iglesias utilizó a Maquiavelo y sus consejos a Lorenzo de Médicis en El Príncipe como base de su argumentario contra el candidato Sánchez Castejón y su aliado Rivera. Pablo Iglesias conoce bien la literatura sobre el poder y especialmente la obra del gran pensador florentino, fundador de la ciencia política moderna, distanciada de incrustaciones morales. No hay remilgos cuando se trata del poder, de cómo conquistarlo y como mantenerlo. Su intervención partía de una idea clara: no aceptar subordinaciones ni preeminencias de un partido como el PSOE en momentos de cambio de escenario. Por mucho que Sánchez muestre voluntad de renovación, el partido que representa ha ido quedando atrapado en todos estos años en una lógica estrictamente institucional, de socialdemocracia clásica. Su margen de maniobra es muy estrecho. Iglesias está ahí para recordárselo. Y para exigir respeto y reconocimiento hacia la generación emergente.

Para los que hemos vivido la transición y tenemos en nuestra retina a Arias Navarro, Suárez, Carrillo Fraga Iribarne, Felipe González es mucho más que los GAL, Slim o los consejos de administración de grandes empresas. Pero para muchos nacidos en los 90, González es pasado y establishment. Poder político-económico en estado puro. Iglesias lo recordó de manera abrupta, poniendo de manifiesto que detrás de Sánchez y su novedad estaba la élite pactista y acomodaticia que ha gobernado este país durante muchos años. Una élite que para muchos jóvenes representan tanto el PP como el PSOE.

No perdió tiempo Iglesias en desenmascarar a Rajoy y su vieja prosodia. Lo da por amortizado. Simplemente recordó que el PP lo único que quiere es formar parte del pacto natural de PSOE y C's. Su contrincante directo es Rivera (al que ve como la nueva derecha), y ataca a Sánchez simplemente porque sigue ocupando un espacio que aspira a hacer suyo.

En las próximas semanas, Podemos y las confluencias deberán seguir combinando agresividad (en el sentido de radicalidad, de ataque a las zonas de confort que las élites económicas tratan de defender) con capacidad para plantear propuestas que muestren caminos nuevos. Si solo son el azote del pasado, poca fiabilidad proyectarán sobre su capacidad de cambiar las cosas.

Pablo Iglesias ha tenido hasta ahora fortuna. Quiere seguir siendo valiente como el león y astuto como el zorro. Pero a esas virtudes que glosó Maquiavelo, deberá añadir virtú. Demostrar capacidad de acción y destreza para transformar la realidad. Voluntad pero también inteligencia. No es fácil, porque como advertía Maquiavelo, no hay nada más arduo que incorporar nuevas maneras de hacer, ya que los que pierden con el cambio se movilizan duramente contra el mismo, y los que podrían beneficiarse de ello, aún no están seguros de que acabe siendo así.