GEOMETRÍA VARIABLE

El pacto a la naranja

El 56% de los electores de Podemos no quiere que su partido vote contra la investidura de Sánchez

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Rivera, tras una rueda de prensa ofrecida en Madrid

Rivera, tras una rueda de prensa ofrecida en Madrid / JOSÉ LUIS ROCA

Harold Wilson, un 'premier' laborista de los 60, dijo que una semana es mucho tiempo en política. Pretender pues saber hoy si el viernes Pedro Sánchez será investido es un ejercicio arriesgado.

Los españoles han quitado mucha fuerza al bipartidismo imperfecto instaurado en el 77 y hoy hay en el Congreso cuatro grupos estatales potentes (mas de 40 diputados) y otros cuatro territoriales (ERC, CDC, PNV y Compromís). Y como el mayor -el PP- tiene 123 diputados y la mayoría absoluta es de 176, es inevitable que la investidura –excluida la gran coalición- debe ser fruto de un pacto entre un mínimo de tres partidos que por fuerza tendrán ideologías distintas y habrán competido con dureza en las pasadas elecciones.  No es anormal en muchos países europeos.

Más complicado. No hay mayoría de derechas posible porque PP y C'ss suman solo 163 escaños. Ni de izquierdas porque PSOE, Podemos, Compromis e IU alcanzan un máximo de 161. Podrían llegar a los 170 sumando a ERC pero hoy esta formación (no la de Carod del 2004 que quería negociar un Estatut) es totalmente incompatible con el PSOE.

La única realidad es que tras el 20-D  en este Parlamento no hay mayoría ni de derechas ni de izquierdas

El dictamen numérico es pues alambicado: un pacto de centro-izquierda nucleado por el PSOE y abierto a su derecha (C's), al centro (PNV y Coalición Canaria) y a la izquierda (IU, Compromis y Podemos). Pedro Sánchez avanzó con cierta rapidez en la negociación con C's, IU, PNV y Compromís pero Podemos para sentarse puso dos condiciones previas de difícil aceptación: una vicepresidencia “expansiva” para Pablo Iglesias y la exclusión de C's. Aunque sin Rivera el gobierno resultante de la investidura –si salía- quedaba condenado a una confrontación total izquierda-derecha que no podía llevar a nada comestible. 

Y el punto final -hasta hoy- es que el veto a C's ha llevado a la ruptura con Podemos que ha arrastrado a IU y Compromis. Así -salvo sorpresa- en la primera votación del miércoles Sánchez tendrá entre 130 y 137 votos y la oposición variopinta del PP (123), Podemos (65) y ERC-CDC (17) sumará un mínimo de 205. Sánchez saldrá derrotado.

Y no lo tiene fácil en la segunda porque necesitará más votos favorables que contrarios. Aunque es de presumir que entre la primera y la segunda del viernes habrá mucho tráfico negociador. Rivera busca la abstención del PP. Será Imposible porque Rajoy querrá intentar su última carta. ¿Ir a elecciones? Cree que con este parlamento está muerto y que unas nuevas elecciones son una incógnita. No lo ha hecho bien desde el 20-D y además le han estallado mas casos de corrupción pero cree que si cunde el temor al desorden y sube el miedo a Podemos (las astracanadas de Iglesias pueden ayudar), quizás vuelva a ser otra vez el último y único refugio de la estabilidad.

Por su parte el PSOE trabajará a Compromis, IU y con prioridad a Podemos. Sólo con su abstención Sánchez puede salir. Los socialistas creen que hoy Iglesias tiene decidido el 'no' pero que hay dos datos que pueden alterar la ecuación. Uno, la opinión pública. Dos, que las ocho razones en las que Podemos justifica su actitud que son interpretables y negociables.

Tras el 20-D se creyó que unas nuevas elecciones favorecerían la bipolarización entre las opciones más enfrentadas (PP y Podemos) pero las pocas encuestas realizadas indican lo contrario. Tanto la de 'El Mundo' del domingo 21 como la de 'El Confidencial' del viernes 26 dicen tres cosas. Una, el PP baja unos dos puntos en beneficio del más dialogante Rivera. Dos, Podemos no sube sino que retrocede algo. Tres, el PSOE tiene una muy ligera tendencia al alza y sube la imagen de Pedro Sánchez.

Parece como si la ciudadanía premiara el esfuerzo de consenso para formar gobierno. Lo confirma la encuesta de José Juan Toharia en 'El País'. En marzo del año pasado Toharia predijo el mapa a cuatro. Irrumpía no sólo Podemos (que ya lo hizo en las europeas del 2014) sino también C's que sacó dos diputados cuando el PP creía que el peligro le vendría por la derecha de Vox que se quedó sin escaño.

Ahora su última encuesta (El País del jueves) dice cosas que sorprenden. Una, que nada menos que el 50% de los votantes del PP (frente al 45%) piensan que su partido debería abstenerse para facilitar la investidura de Sánchez. Dos, que este deseo de gobernabilidad es todavía más acusado en los electores de Podemos ya que el 56% se inclinan por la abstención mientras el 39% desean el voto en contra. La diputada de Podemos Irene Montero, más ocurrente que Iglesias, dijo: “hoy ha salido del horno un pacto a la naranja”.A sus electores el guiso no les repele.

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Si, seguramente sus electores castigarían al PP y a Podemos si forzaran unas nuevas elecciones. Pero si Sánchez no es investido el viernes quedan todavía dos meses para negociar. Y si una semana es –Wilson dixit- mucho tiempo, dos meses...¿Puede Podemos -se preguntan en Ferraz- contrariar a la mitad de los suyos haciendo fracasar junto al PP en la segunda votación al candidato socialista? ¿Puede el PP –piensa Rivera- ir a nuevas elecciones cuando el 40% de sus electores (contra el 56%) cree que el tiempo Rajoy ha pasado y la corrupción estalla en Madrid y Valencia?

Entre los 8 puntos de rechazo no está el referéndum

Los ocho puntos –dicen- son inexactos o interpretables y negociables. Errejon tiene razón en que el pacto con C's no habla de derogar la ley mordaza sino de una reforma amplia. Y algo similar con la reforma laboral. Reformar no es derogar, no se vuelve a la situación previa, pero las diferencias prácticas dependen del contenido de la reforma.