Al contrataque

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Jaume Matas, durante el juicio por el ’caso Nóos’.

Jaume Matas, durante el juicio por el ’caso Nóos’. / EFE / ATIENZA

«El objetivo era contratar a Urdangarin y todo lo que viniera de él sin discutir el precio… Las directrices las daba el presidente balear… y ni se discutía si los trabajos se habían realizado o no». ¿Dice la verdad el arrepentido Pepote Ballester, amigo o examigo ya de Jaume Matas, desde el banquillo de los acusados en Palma? Al menos, lo parece. Niña, sacude la alfombra y ventila la habitación, que entre aire limpio y se lleve la suciedad. Aquella frase de nuestras abuelas hoy recorre España. Vemos a una hermana del Rey e hija de rey, Cristina de Borbón, sentada en el banquillo de los acusados; a su marido, Iñaki Urdangarin, unas sillas más allá, y delante, a quien presidió Baleares y fue a prisión, Jaume Matas.

Y ha sido esta misma semana que Jordi Pujol declaraba en la Audiencia Nacional: «No me siento especialmente orgulloso de ello», admitiendo ante el tribunal que puso a su nombre una cuenta en Andorra para proteger a su hijo Júnior de las posibles demandas económicas por parte de su nuera en el proceso de divorcio. Desde aquel 25 de julio del 2014 en que el expresident de la Generalitat hiciera pública una carta justificando un supuesto legado de su padre, todos sentimos una profunda decepción. Queda por demostrarse lo que el juez afirma -que la familia actuaba como una organización- y dónde se repartían beneficios de negocios relacionados con el cobro de comisiones, pero, sea como sea, no resulta nada edificante ver que quien ha recibido la confianza de un país no la ha sabido preservar.

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Lo mejor de todo es que la gente ha dicho basta. Se terminan aquellos tiempos heredados de la dictadura, donde la arbitrariedad campaba a sus anchas en todos los espacios donde habita el poder, donde la «voluntad del rey» (en sentido figurado o no) era ley. Quizá por esa nueva exigencia social, que se ha hartado de ver mantas que cubrían complicidades y alfombras que no daban más de sí, andamos escandalizados por los casos confesos o denunciados de algunos -pocos- profesores del colegio de los Maristas de Sans-Les Corts que durante años abusaron sexualmente de sus alumnos. Aquel silencio, aquella impunidad.

Rita Barberá se esconde

Nos queda aún el Senado. Quien fuera longeva alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, busca en la Cámara alta cobijo. Toda la cúpula del PP municipal ha caído por escándalos de corrupción. Pero, aforada, a Rita Barberá no se la puede juzgar ni ahora, ni ante la posibilidad de unas nuevas elecciones. Cuando sacudimos el país cuesta respirar, pero es la única forma de poder volver a edificar. Ahí estamos.