10 abr 2020

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LA CLAVE

Ilusiones efímeras

Joan Manuel Perdigó

Vivimos un lamentable juego de espejos con el que seguir en el onírico país de las maravillas unos meses más

Ante todo, ¡felicidades! Saludemos sin rubor al crack que, en un partido bronco, poco deportivo, y atascado, ha logrado hilvanar sobre el pitido final una fenomenal jugada de astucia y llevarse los tres puntos. No está al alcance de todos semejante capacidad de supervivencia. Esta vez sobrevivir le ha costado a Artur Mas la presidencia de la Generalitat, un alto precio que posiblemente también habría pagado en dos meses tras las elecciones y, lo que es peor, habría perdido el control del procés.

Con el pacto in extremis del sábado, Mas logra:

1) Designar personalmente a su sucesor (ojo que estas decisiones las carga el diablo, que se lo pregunten a Aznar).

2) Evitar nuevas elecciones de incierto final.

3) Mantener a ERC atada a Junts pel Sí.

4) Ganar tiempo para refundar Convergència y para volver a presentarse en un futuro próximo, esta vez como el líder que renunció la poltrona y supo sacrificarse.

5) Lo inaudito: el suicidio de la CUP. El punto 4 del acuerdo es lo más parecido a los Procesos de Moscú (1936-38) cuando Stalin hizo confesar a toda la vieja guardia leninista (Bujarin, Zonoviev, Kamenez..) que había conspirado para restaurar el capitalismo, y los fusiló. ¡Magistral! Y para firmar esa confesión de haber obstaculizado el procés y ponerse a disposición del mando, a la CUP no le ha hecho falta ni una miserable asamblea. ¡Bravo otra vez!

¿Y ahora, qué?

Ya tenemos la nave de las ilusiones con nuevos aparejos. ¿Para zarpar? En absoluto. Llevamos desde el 2012 simulando que zarpamos. Seguimos en el muelle sin permiso para salir a mar abierto. No nos deja la autoridad competente y ya hemos comprobado que no hay masa crítica en la tripulación para un motín. Jugaremos a hacer leyes que durarán horas, imaginaremos que desviamos de un plumazo el flujo de dinero que alimenta las arcas españolas, creeremos en la desconexión imaginaria retransmitida en jornadas históricas por radio y televisión. Y lo haremos -cuanto peor, mejor- con un Gobierno español apiñado deprisa y corriendo, y con toda la ceguera del mundo, para combatir el "desafío soberanista". Lamentable juego de espejos con el que seguir en el onírico país de las maravillas unos meses más.