Opinión | Al contrataque
Periodista
MANEL FUENTES
1.515

La dirección en pleno de la CUP informa del resultado de la votación de la asamblea del domingo 27
En Estados Unidos nuestro fútbol no es mayoritario porque su población no entiende un deporte en el que se pueda empatar. Para ellos, o se gana o se pierde. O sea que no esperemos que los americanos entiendan a la CUP ni a su asamblea, ni lo que pasa en Catalunya. Y es que la incertidumbre es total. No es que no sepamos aún qué decidirá la CUP; es que ya no sabemos ni cómo lo decidirá. Lo que sí que sabemos es que no aceptaron preguntas al final de su asamblea, como el Rajoy de las mejores épocas pero sin las críticas de las peores prensas.
En caso de tener que repetir las elecciones en marzo, hay cosas que ya se van viendo con cierta claridad. La izquierda y la derecha casan fatal. Y más en tiempos de crisis. Le pongan la bandera que le pongan. Artur Mas, cuando aún era fuerte, creyó que el eje nacional iba a ser determinante y abandonó su posibilismo, su 'peix al cove' y su política 'business friendly', lanzándose de cabeza a la piscina del independentismo sin calibrar que en esa piscina el agua era de Esquerra o de la CUP.
Las revoluciones siempre son de izquierdas con lo que para Convergència decantarse por el eje social y buscar el lado amable de la foto, desde sus corbatas y sus políticas, resultaba quimérico. Pero el eje social en plena crisis ha sido determinante. No en vano es el acento social de la CUP el que le niega la poltrona a Mas. Es el color de Ada Colau el que le ha quitado la alcaldía de Barcelona a Trias. Y siendo determinante, lo social también busca sus acentos en lo nacional. El referéndum ya es un actor político más. En Comú Podem lo ha capitalizado para sus intereses igual que Pablo Iglesias, de modo que tras las generales del 20-D, Mas y su partido ya no tienen una posición aventajada en los nuevos caladeros de votos. En caso de elecciones, ¿cuál va a ser el peso de Democràcia i Llibertat? ¿Y quién va a ser su líder?
Huérfanos y abstencionistas
Con o sin elecciones, el retroceso de los de Mas parece no haber acabado, ya que todo lo que ahora proponen, ya tiene alternativas más asentadas y creíbles. El independentista convencido ya está en ERC o en la CUP en su vertiente más anticapitalista, y el comunista proreferéndum se siente cómodo con Colau o Iglesias.
Lo desgraciado es que, en pocos años, hemos perdido espacios políticos que han dejado huérfanos y abstencionistas. El socialismo catalanista que encarnaba Maragall, y que buscaba nuevos encajes con España a través del Estatut, fue liquidado desde fuera y desde dentro de Catalunya. Y el posibilismo nacionalista de derechas convergente, también. Perdemos centralidad y ganamos radicalidad.
De momento Mas en vez de coger el timón descolgándolo de la pared y convocar elecciones al grito de 'hasta aquí hemos llegado', sigue esperando en el bingo a completar el cartón. Han cantado el 1.515. La doble niña bonita. Qué ambiente...
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