Reformas para el crecimiento: evitemos el regreso al pasado

Se lee en minutos
Línea de montaje en la fábrica de Nissan de la Zona Franca de Barcelona.

Línea de montaje en la fábrica de Nissan de la Zona Franca de Barcelona. / REUTERS / ALBERT GEA

La clave para que mejoren el mercado laboral y las finanzas públicas es que aumente el crecimiento. Pero además de crecer, hay que crecer bien. De hecho, en el período pre-crisis España creció por encima del promedio de la UE pero, como es bien sabido, ese crecimiento no era sostenible porque se apoyaba demasiado en la demanda interna, particularmente el ciclo económico-financiero alrededor de la construcción de viviendas y su financiación.  

En su dimensión exterior, la insostenibilidad este patrón se manifestó en el creciente déficit por cuenta corriente, que llegó a representar el 10% del PIB en el 2007. Como España no era capaz de generar los recursos necesarios para financiar su crecimiento, los pedía al extranjero y se endeudaba. El resto de la historia es conocido: una buena parte de lo que se pidió prestado no fue a parar a proyectos productivos que permitieran pagar lo que se debía a los acreedores sino al ladrillo.

Pero la realidad es que, sea por virtud de las reformas o por un ajuste más o menos “automático”, la recuperación de la balanza por cuenta corriente de España ha sido tan rápida como su deterioro. A partir de 2008 los saldos han mejorado año tras año, el superávit llegó en 2013 y, según el FMI, España terminará el 2015 con un saldo positivo de cerca del 1% del PIB superando a Francia, que está en déficit desde 2007.

¿HEMOS APRENDIDO LA LECCIÓN?

Esta mejora en los desequilibrios externos de la economía española nos lleva a la pregunta final de esta serie de artículos: la crisis, más allá de provocar la pérdida de puestos de trabajo y tejido económico ¿ha aportado algo positivo? ¿Sale la economía española reforzada del túnel que ha supuesto la crisis? ¿Hemos aprendido todos –políticos, ciudadanos, empresas, trabajadores- la lección?

En la última legislatura se han adoptado varias reformas específicamente destinadas a mejorar el patrón de crecimiento. Entre otras, se creó la CNMC con el objetivo de promover la competencia y mejorar la regulación; se han aprobado diversas iniciativas para estimular la internacionalización y el emprendimiento y, por citar la más reciente, se ha puesto en marcha de la agencia estatal de investigación. Con todo ello se busca recuperar la competitividad y cambiar el modelo; que la recuperación no sea algo pasajero sino más bien estructural ¿Se ha conseguido?

En primer lugar, a pesar de los esfuerzos para orientar la economía al exterior, todo apunta a que, en cuanto la demanda interna se recupera, regresamos al pasado y el crecimiento de la economía española vuelve a depender del consumo interno. Según el INE, la demanda exterior dejó de contribuir positivamente al PIB en el cuarto trimestre de 2013. Desde entonces hemos retornado al patrón de crecimiento pre-crisis y el PIB crece exclusivamente por la demanda interna (consumo e inversión). Hay una salvedad: mientras que antes de 2008 las importaciones superaban a las exportaciones (y detraían cerca de 1,5 puntos en el crecimiento del PIB por año), desde 2014 el balance neto es neutro. En definitiva, no estamos aprovechando el potencial de los mercados exteriores para crecer, como hacen otros países.

Te puede interesar

En segundo lugar, salimos de la crisis no sólo impulsados por la demanda interna sino con sistema productivo que, progresivamente, se está vaciando de conocimiento y tecnología. Cuando se anunciaba la creación de la agencia para la investigación, se conocían los datos sobre el gasto en I+D para 2014. Las inversiones en España, tanto en I+D pública como especialmente la privada, siguen cayendo: llevamos cuatro años consecutivos de caídas en inversión pública y seis en privada. Dado que la UE en su conjunto, por el contrario, no ha dejado de aumentar su inversión, la convergencia de España con la UE en ciencia se detuvo en 2008 y actualmente estamos al nivel de 2004 (ver gráfico).

¿Qué queda por hacer? Naturalmente, mucho. Para empezar, probablemente sea imprescindible exigir a los partidos que extiendan la voluntad de acuerdo y colaboración, que han mostrado por ejemplo en la reforma y rescate del sistema financiero, a otros ámbitos clave, tanto desde un punto de vista social como económico, como son la educación, la ciencia y la transición hacia un patrón de crecimiento realmente sostenible.