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Los sábados, ciencia

Suerte tenemos de las fundaciones

Manel Esteller

Las ayudas de las entidades no lucrativas son vitales para la investigación relacionada con la salud

Cuando era pequeño y jugando me hacía una herida, me ponían agua oxigenada, mercromina y una tirita. Pero también mi madre me daba un beso o el maestro me decía «¡va, que no ha sido nada!». Las actuaciones primeras eran las responsables de evitar que se infectara el desaguisado, pero las segundas acciones eran especialmente bien acogidas y me permitían seguir jugando con alegría. Pues de igual manera funciona la financiación de la investigación. Hay un apoyo económico estructural que viene desde las diferentes instituciones gubernamentales, ya sea de forma directa o en competición con otros solicitantes, que constituye el núcleo que nos permite investigar. Pero necesitamos unos extras para poder ser competitivos, y que además permitan una flexibilidad en el uso de los recursos. En esta tarea son vitales las ayudas dadas por las fundaciones.

Una fundación es una entidad no lucrativa constituida por voluntad de los fundadores, ya sean personas físicas o jurídicas, mediante la afección de unos bienes o de unos derechos para la realización de fines de interés general. Hay fundaciones de todo tipo, y Catalunya ha sido pionera en muchas ocasiones. La magnífica campaña del Gran Recapte de la Fundació Banc dels Aliments es un buen ejemplo.

En el campo de la investigación biomédica, que es el que mejor conozco, las fundaciones que dan apoyo se pueden clasificar en tres grandes grupos de forma muy simple: aquellas relacionadas con una persona o familiar que tiene o ha tenido una enfermedad; aquellas asociadas a generosos y altruistas mecenas individuales, como la Fundación Cellex, que tanto ha hecho por la investigación catalana; y aquellas ligadas a asociaciones benéficas o empresas y negocios.

Entre las primeras cabe destacar por su profesionalidad e internacionalización la Fundació Josep Carreras, que después de que este gran tenor superara su leucemia ha estimulado de forma decisiva la investigación de las enfermedades cancerosas de la sangre con becas y ha ayudado a crear nuevos laboratorios de investigación. También es de destacar el esfuerzo de la Fundació Pasqual Maragall, que ha sido clave para concienciar del impacto de las enfermedades neurodegenerativas en nuestra sociedad y que comienza a diseñar los primeros ensayos para prevenir estas enfermedades. Pero también hay que destacar la labor desinteresada, de picar piedra día a día y apoyar investigaciones, de entidades como la Fundación Sandra Ibarra de Solidaridad contra el Cáncer, la Fundación Olga Torres, la Fundación Seve Ballesteros o la Asociación Alba Pérez. Y será imposible mencionar en este artículo todas las fundaciones derivadas de familias solidarias que, partiendo de tener un hijo afectado por una enfermedad debida a la mutación de un gen (monogénica) -como el síndrome de Rett, de Sotos, de Rubistein-Tayby, de duplicación de MECP2, de Lejeune o de Sanfilippo-, contribuyen a los avances, siendo un ejemplo la Fundación Isabel Gemio. Y no nos olvidemos de los aspectos sociales, como hacen la Fundació Finestrelles para las personas con discapacidad intelectual o la Fundació Brugada en la prevención de la muerte súbita.

En lo que se refiere a fundaciones vinculadas a empresas y negocios, hay una diversidad que abarca diversos tipos de ayuda. Por ejemplo, durante muchos años las mejores reuniones científicas eran organizadas por la Fundación Ramón Areces y la Fundación Juan March. Desde el mundo de la construcción, la Fundación Alicia Koplowitz ayuda a la investigación en neurociencias en niños. Desde el voluntarismo de miles de donantes, la Fundación Científica de la Asociación Española contra el Cáncer también ayuda contra esta enfermedad. Y desde otros ámbitos empresariales, como la Fundació Agrupació Mútua o la Fundación Salud 2000, también se apoya a la investigación. Y a pesar de la gran transformación del mundo bancario y la desvirtuación de las cajas como tales, la Fundació Catalunya-La Pedrera continúa favoreciendo la difusión de la ciencia y la Fundación Botín ha creado una buena red de científicos de excelencia.

Y también es de justicia destacar el papel de la Obra Social de La Caixa en su área de ciencia e investigación: desde la investigación contra el sida en el Hospital de Can Ruti o las terapias avanzadas del cáncer en el Hospital Vall de Hebron, a los programas CaixaImpulse para generar valor económico en el conocimiento o su programa de becas y ayudas. Una de las cosas que me han hecho más feliz estos últimos meses es haber visto los ojos de alegría de algún chico que estudiará en Harvard becado por esta entidad.

No obstante, nuestras fundaciones todavía son débiles si las comparamos con las de los países anglosajones, donde mucha gente tiene asumido el concepto de devolver a la sociedad lo que esta te dio cuando lo necesitabas. Por favor, busque la fundación a la que más desee ayudar en función de sus sensibilidades y creencias, y colabore con ella. Todos le estaremos agradecidos.

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