09 abr 2020

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Una normativa urbana desconocida

Edificios más seguros: cosa de todos

Jordi Gosalves

Hace falta que nos concienciemos de que una vivienda no se mantiene sola, hay que invertir en ella

En los últimos meses se han vuelto a producir -en Girona, l'Hospitalet de Llobregat, y Madrid- imágenes que creíamos no volveríamos a ver: vecinos desalojados de madrugada y obligados a salir de sus casas por una serie de colapsos accidentales en la totalidad o en parte de edificios urbanos, afortunadamente sin víctimas mortales. Hechos como estos vuelven a poner lamentablemente de actualidad el mal estado de conservación de nuestro parque edificado y la despreocupación generalizada -y en algunas ocasiones, la negligencia- de sus propietarios. Los profesionales de la edificación hace tiempo que lo advertimos: desde hace demasiado tiempo se está olvidando la necesaria y obligada conservación, mantenimiento y rehabilitación de los edificios.

¿Por qué acaban produciéndose accidentes de este tipo, evitables en la mayoría de casos? La razón fundamental es el desconocimiento de muchos propietarios de la necesidad de intervenir ante la mínima aparición de lesiones que pueda presentar su edificio, ya sean grietas, humedades, desprendimientos o deformación de algún elemento constructivo. Desde febrero del 2011, todos los edificios plurifamiliares de más de 45 años de antigüedad tienen la obligación de pasar de forma periódica una Inspección Técnica del Edificio (ITE) y solicitar de esta manera su correspondiente certificado de aptitud. A pesar de esta obligación legal, según datos de la Agència de l'Habitatge de Catalunya, en el mes de diciembre del 2014 solo se habían solicitado 7.168 certificados de aptitud de los cerca de 103.000 edificios que estaban obligados a realizar la inspección, un escaso 7%.

Siempre que se detecten en un edificio disfunciones como las que hemos descrito, hay que recurrir a un profesional para que evalúe los daños, la importancia y el riesgo que pueden conllevar. Hay que actuar de la misma manera que, cuando tenemos fiebre o nos encontramos mal, acudimos al médico de cabecera para que nos diga de qué se trata y qué tenemos que hacer. En su visita, el técnico revisará el estado de la estructura y cimentación, así como las fachadas interiores, exteriores, medianeras y otros elementos, especialmente cornisas, salientes, vuelos o elementos ornamentales. También las cubiertas y azoteas, las redes generales de fontanería y saneamiento y los elementos de accesibilidad existentes. La inspección técnica de edificios es una útil para conocer el edificio en el que vivimos, el estado en que se encuentra y las operaciones que se deben hacer para ponerlo al día. Pensamos que esta es una medida clave para ayudar a propietarios y comunidades a cuidar de su patrimonio.

Por otra parte, todos los edificios de viviendas construidas a partir del año 1992 han de disponer de un libro del edificio, donde se incluirá un manual de uso y mantenimiento. Desgraciadamente, su grado de aplicación también es muy bajo. Este hecho ha llevado al Govern a aprobar el pasado mayo un nuevo decreto que establece un mayor seguimiento de los edificios que presenten deficiencias importantes, graves o muy graves, mediante cuatro medidas: el otorgamiento de un certificado de aptitud con una vigencia menor; la obligación de aprobar un programa de rehabilitación del edificio, donde se establezcan los compromisos de hacer las obras; la realización de inspecciones de verificación de su estado de conservación; y la obligación de disponer del libro del edificio para todos aquellos que hayan pasado la inspección.

Este nuevo decreto también se exige a las viviendas unifamiliares ubicadas a una distancia inferior a 1,5 metros de la vía pública, de zonas de uso público y de las fincas colindantes, dado que estos son los que han presentado más accidentalidad en los centros urbanos de ciudades y pueblos de nuestro país. El bajo nivel de cumplimiento de estos obligaciones pone de manifiesto la falta de controles de la propia Administración para garantizarlo, así como la escasa cultura del mantenimiento de los edificios que hay en nuestro país, fruto menudo del desconocimiento de los ventajas económicas y de confort que aporta la rehabilitación.

El mayor peligro suele estar en la desidia de algunas comunidades de propietarios, en la falta de mantenimiento y en las intervenciones inapropiadas. Es necesario que todos nos concienciamos de que un edificio no se mantiene solo y que hay que revisarlo e invertir dinero en él. Los profesionales del sector hace tiempo que reivindicamos la implantación de la figura del técnico de cabecera del edificio, un profesional que nos aconseje y nos ayude a tener el edificio en buenas condiciones, como lo hace el médico cuando nos visita de manera periódica, nos hace pruebas analíticas y dispone de nuestro historial clínico. Porque tener edificios más seguros debe ser cosa de todos.