04 jul 2020

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Los efectos de la crisis griega

Democracia o demagogia

José Antonio Bueno

No se trata de una venganza de la UE con Grecia, sino que los acreedores ya no se fían de su Gobierno

Tanto lío en Grecia sirve al menos para desempolvar el griego que alguna vez aprendimos. Demos significa pueblo. Kratos poder. Y ago dirigir… o influir o manipular. Democraciay demagogia. Dos palabras aparentemente cercanas pero cuyo significado está muy lejos. En la primera, el pueblo manda; en la otra, el pueblo es engañado para ser mandado. Cuando el descontento se transforma en rabia los pueblos tienden a perder su racionalidad y son fácilmente manipulables. Lo vemos en Catalunya, en España y en Grecia. Del cabreo se pasa al populismo de manera tan sencilla como peligrosa. Los salvadores de la patria, de cualquier patria, ofrecen su Ítaca particular para que el pueblo enfadado se evada de la realidad, pero siempre las utopías se convierten en distopías, o sea, en historias donde el final es todo menos feliz.

Grecia ejemplifica la agonía de un pueblo al que no le van bien las cosas. Es un Estado imperfecto que no cumple los mínimos de un Estado moderno y al que las cuentas no le salen, ni le saldrán, porque sus ciudadanos hacen todo lo posible para no pagar impuestos. Si Grecia no estuviese dentro de un club serio como es -o debería ser- la Eurozona, ya habría perdido toda posibilidad de normalización y probablemente estaría en la órbita de China o de Rusia para defenderse de su vecino, la otrora potencia conquistadora, Turquía. El referéndum no fue otra cosa que una manipulación de Syriza para evitar reconocer que su única salvación es el dinero de la troika y el corralito al que el no les abocó y que les ha servido para entonar su particular Europa nos roba. Pero la realidad es tozuda. El Gobierno heleno ha renunciado a gobernar y solo se mueve por la proclama y el griterío en lugar de por la razón. La parálisis económica crece, al igual que una deuda imparable. Tanto alboroto, tanta revolución solo han servido para parar la tímida recuperación que había a comienzo de año y hundir definitivamente a sus bancos. Syriza ha hecho a Grecia aún más esclava de una Europa a la que parece odiar, porque por su mala gestión necesita más dinero de unos acreedores cada vez más recelosos de los gobernantes griegos.

FALTA DE CREDIBILIDAD

La última propuesta fallaba en la credibilidad de su gobierno y aunque los números se acercaban a lo que esperaban sus socios europeos, estos sabían que no había propósito de cambio. Pedían más dinero, rebaja en la deuda y menos controles. La respuesta ha sido la evidente, endurecer las condiciones y, sobre todo, vigilar el proceso: se han de aprobar reformas y leyes previamente consensuadas antes de liberar fondos. No se trata de venganza, simplemente la troika ya ha prestado más del doble del PIB heleno para un rescate que no acaba de servir y ahora se le pide una nueva millonada. Solo España tendrá que avalar 10.000 millones de euros adicionales, casi un punto de nuestro PIB, acumulando ya una exposición de 35.000 millones, una cantidad cercana a lo que nos prestó Europa hace tres años para rescatar Bankia, CX y Abanca, o lo que es lo mismo, los griegos nos deberán casi 800 euros a cada español, incluidos bebés y ancianos. Si sumamos esta contribución a la de los rescates de Irlanda y Portugal, la rescatada España ya ha puesto más que ha recibido.

Aunque Europa ha dicho sía seguir poniendo dinero para mantener el euro sin fisuras (y para que Grecia no caiga en malas influencias), el camino es muy tortuoso. El trágala es enorme y Syriza es incapaz de digerirlo. Lo más probable es que el partido se escinda y se acabe en un gobierno de coalición donde los partidos de la casta (populares y socialistas) tendrán que salir al rescate de un país que ha tratado de ser gobernado al estilo de una asamblea estudiantil. Tsipras ha comenzado a entenderlo, pero aún le queda un duro camino por andar. Y lo más probable es que antes de fin de año haya elecciones que muy posiblemente harán aún más ingobernable el país.

Es sorprendente la ingenuidad (o la manipulación) de los gobernantes helenos al abocar a su país a un corralito que no solo ha paralizado su economía sino que ha debilitado a los bancos en grado sumo, tanto que están abocados a aplicar mecanismos de recapitalización que se llevarán por delante parte del ahorro de los griegos que aún confían en su país. Quienes no entienden por qué es tan importante evitar la quiebra de los bancos pueden ver las consecuencias en el ciudadano medio griego. Tras el corralito vendrá una quita en sus ahorros y como acaben saliendo del euro sus activos se depreciarán. La tragicomedia griega no ha acabado. Tenemos por delante semanas de sobresaltos que pueden acabar con Grecia fuera del euro. Lo que está claro es que hoy los griegos son más pobres, están más divididos y se enfrentan a un futuro más complejo que antes de su inútil referéndum.