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ANÁLISIS

Hundir la economía y quebrar la unidad política

Eduard Soler Lecha

El terrorismo en Túnez se aprovecha del caos de los países vecinos y tiene como objetivo desestabilizar a una democracia joven

Túnez ha sufrido dos atentados en poco más de tres meses que tienen rasgos comunes. El objetivo: el turismo, un pilar fundamental de la economía y carta de presentación de una sociedad abierta al mundo. El perfil de los atacantes: hombres jóvenes de nacionalidad tunecina, un elemento difícil de digerir para un país que presume de tolerancia y modernidad. Y el arma: un kalashnikov, el fusil soviético omnipresente en las zonas de conflicto desde 1949. A ello hay que añadir unos datos que nos ayudan a comprender el contexto en que se producen los atentados y cuáles pueden ser los efectos.

a) Más de 200.000 víctimas. Este es el balance no oficial de muertos de la década negra en Argelia de enfrentamiento entre grupos islamistas y fuerzas de seguridad de los años 90. Las sociedades magrebís siguen traumatizadas y este recuerdo aflora siempre que se produce un atentado en la región. Además, algunos grupos terroristas que operan en el Magreb y el Sahel tienen raíces en grupos armados que surgieron en Argelia hace más de veinte años.

b) 459 kilómetros de frontera entre Túnez y Libia. Se calcula que hay cerca de 1.700 grupos armados operativos en Libia, algunos de los cuales han jurado lealtad al Estado Islámico. También preocupa el aumento de armas en circulación. En Túnez es habitual escuchar que nunca había sido tan fácil y barato comprar un kalashnikov en el mercado negro.

c) 3.000 combatientes tunecinos se estima que se han desplazado a Siria e Irak para alistarse en las filas de Estado Islámico o de otros grupos radicales. Es uno de los contingentes más numerosos, un dato preocupante teniendo en cuenta que el país tiene poco más de diez millones de habitantes. Hay que sumar a los que se hayan podido desplazar a luchar en Libia, un dato sobre el que aún no hay estimaciones fiables.

d) El sector turístico representaba en el 2014 un 7,4% de la economía y empleaba a 224.000 tunecinos. Unas cifras que hay que doblar si se incluye el impacto indirecto. Todavía no se han recuperado los niveles anteriores a la Primavera Árabe, y después de los dos atentados del 2015 las perspectivas son pésimas. Ningún país puede permitirse el lujo de ver cómo se hunde un sector económico clave pero Túnez aún menos. La economía está estancada con un crecimiento del 2%, insuficiente para paliar un paro superior al 15%.

e) 200 votos de 216 es el amplísimo margen con el que se aprobó en el 2014 la nueva constitución en Túnez. Un mensaje de compromiso democrático y una apuesta por el consenso y la inclusión para llevar adelante la transición. La antítesis de lo que persigue el terrorismo.

El atentado del viernes no es un hecho aislado. El terrorismo tiene raíces locales y ramificaciones regionales, se aprovecha de la inestabilidad de los países vecinos y tiene por objetivo hundir la economía, desestabilizar a una democracia joven y partir la unidad política y social.

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