08 ago 2020

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La matanza del cerdo en Catalunya

Albert Sáez

Explicaba el profesor Salvador Alsius que de las tesis doctorales hay que aprovecharlo todo, como en la matanza del cerdo. Desde el otoño del año 2012, en determinados despachos de Madrid y de Barcelona se decidió que lo que llaman el órdago catalán tenía fácil solución: cargarse a Artur Mas, políticamente hablando. Decidieron, pues, ahondar en la brecha que había abierto Albert Rivera desde el 2006 a base de considerar que el nacionalismo -un epígrafe en el que incluía al PSC de José Montilla- era un montaje de la familia Pujol que se había mantenido en el poder y lo había reconquistado gracias a los medios públicos catalanes y a la inmersión lingüística. Vaya, el guión escrito en las cenas del famoso restaurante Taxidermista.

En estos tres años, bajo el impulso de esa idea fuerza se han buscado todo tipo de hechos para intentar demostrar la hipótesis aún cuando hiciera falta forzar la realidad hasta los límites del esperpento: se ha cuestionado una y otra vez el número de asistentes a las movilizaciones de la Diada, utilizando varas de medir que no se usan en ningún otro caso; se ha responsabilizado de esa movilización presuntamente minoritaria a los medios públicos de comunicación (que en el mejor de los casos acumulan una audiencia que equivale a la cuarta parte de los manifestantes); se buscaron cuentas de Mas y su familia en el extranjero; se encontraron -ya era hora- las de la familia Pujol. Se acusa a Mas de casi todo: de gastar mucho y de recortar; de pedir fondos al FLA y de desobedecer la ley: de condenar a Catalunya a quedar fuera de la UE y de promover embajadas ilegales: de ahuyentar las inversiones extranjeras y de ser bussines friendly; de inventar supuestas mentiras (el famoso Espanya ens roba) y de amparar a terroristas bajo el paragüas del derecho a decidir,... Hay demasiados datos de la realidad que evidencian el sinsentido de muchos de estos supuestos argumentos: ¿Cómo puede ser que Mas lo controle todo mediáticamente mientras Ada Colau le birla la alcaldía de Barcelona a su correligionario Trias? ¿Por qué las comunidades que no tienen ni un ápice de independentismo también están endeudadas, recortan y acuden al FLA? 

El último episodio de esta comedia es culpar a Mas de la ruptura de CiU como ejemplo de su perversa voluntad de romper a la sociedad catalana. Le acusan de cesarismo y contraponen su comportamiento político al de Duran a quien el "procés" le ha blanqueado la biografía. El líder de Unió es -en el relato actual- un hombre cargado de convicciones profundas que ha hecho de la coherencia ideológica su máxima vital. Atrás quedan sus eternas maniobras tácticas en el pujolismo y en el postpujolismo, sus líos en el caso Pallerols -Unió es por ahora el único partido con una condena (como responsable civil subsidiario) por corrupción; sus desayunos opíparos en el Palace de Madrid; su antisocialismo visceral; su papel de gestoría de las grandes corporaciones; sus maniobras para ser ministro de Aznar; sus salidas de tono con la prensa,... A Duran se le perdona todo a cambio de convertirlo en víctima de Mas que también asesinó al PSC, a ICV y que está en el orígen del auge de Ciutadans. Todo se aprovecha contra Mas. 

Supuestamente, la maniobra da buenos resultados. Pasó de 62 a 50 diputados y ahora las encuestas le dan entorno a los 30. El único problema es que sigue primero. Quizás el asunto es que de tanto culparle de todo, nadie asume sus propias responsabilidades. ¿Quién gobernaba en Catalunya cuando se creó Ciutadans? ¿Quién envió a Mas y a Maragall a pactar el Estatut del 2005 como fuera en Madrid en lugar de apoyar al Govern frente a la ofensiva del PP? ¿Quién renunció hasta la llegada de Pedro Sánchez a que el PSOE abanderara la reforma constitucional realmente federal? ¿Quién ha permitido que Duran clamara una y otra vez en el desierto del Congreso durante tres años sin ofercerle ninguna vía, ni tercera ni primera ni segunda? Habrá sido Mas, así que se merece todo lo que le pasa.