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Nuevos fármacos contra las infecciones

Hepatitis C, la epidemia destapada

Jordi Casabona

La experiencia adquirida en la lucha contra el virus del sida será clave para combatir ahora el VHC

Pedro es un agricultor de 49 años de la Conca de Barberà que se dedica a la avellana. Hace 19 años le diagnosticaron hepatitis C (HC) y desde entonces ha ido trampeando con tratamientos agresivos y poco efectivos. Algunos de sus colegas de cuando se inyectaba drogas no tuvieron tanta suerte; Silvia murió de sida en 1993 y Lucas, de cáncer de hígado en el 2004. Todos estaban infectados por el Virus de la Hepatitis C (VHC). Hace dos meses a Pedro los digestólogos le han dicho que lo pueden curar. Ciertamente la aparición de los recientes tratamientos antivirales contra el VHC supone un éxito sin precedentes contra una infección con una carga de enfermedad tan alta como tiene el VHC, que a largo plazo puede acabar produciendo cirrosis y cáncer de hígado. Médicos y enfermos hablan de «milagro» y de repente los medios hablan del VHC, infección que en nuestro medio ha afectado a miles de personas, pero que su larga y silente evolución ha hecho que hasta hace poco tuviera poco eco mediático.

Ahora que existen tratamientos curativos es lógico que la Administración y la industria farmacéutica estén interesados ​​en conocer el número de pacientes susceptibles de ser tratados. En Catalunya se ha iniciado un estudio financiado por la industria para calcular el número de personas infectadas en la población, pero por ahora se estima que puede haber unos 15.000 pacientes diagnosticados, de los que más de la mitad deberían recibir tratamiento. La epidemia del VIH/sida y la de la HC comparten múltiples características clínico-epidemiológicas y sociales y, por tanto, tienen también retos comunes. El primero, la sostenibilidad de su tratamiento. Con un coste medio de alrededor de 40.000 euros por paciente, el tratamiento de la HC pronto puede superar los 150 millones de euros que aproximadamente nos gastamos anualmente para tratar el sida. Para ello se están negociando otras aproximaciones, como los precios por tramos de dispensación o las patentes compartidas, que permitan abaratar los costes.

La esperanza es que, tal y como ha pasado con el VIH además de los pactos con la industria, la competencia entre nuevos fármacos y la presión de los afectados y las agencias internacionales hagan bajar precios. En Catalunya, la Conselleria de Salut se adelantó -tanto en tiempo como en criterios de uso- a las recomendaciones del Ministerio de Sanidad y en pocos meses la mayoría de tratamientos ya han incorporado los nuevos fármacos. En países con pocos recursos no será fácil.

FACILITAR EL DIAGNÓSTICO PRECOZ

Por otra parte, si bien el principal objetivo de la sanidad pública es dar servicio y tratamiento a los pacientes afectados por el VHC, el de la salud pública en particular es el de identificar los mecanismos por los que se infectan (y reinfectan) las personas, disminuir lo máximo posible el número de nuevos casos y facilitar el diagnóstico precoz. Precisamente por las similitudes de las vías de transmisión del VIH y del VHC, la OMS está desarrollando el monitoreo de la epidemia del VHC y su respuesta sobre el modelo ya existente por el VIH, pues ha visto que solo un 27% de los países de la región europea tienen un sistema de vigilancia epidemiológica por el VHC bien definido. En Catalunya seguimos teniendo uno de los sistemas de monitorización del VIH y de las infecciones de transmisión sexual más integrado y de larga duración de Europa; estamos en buena situación para aprovechar su experiencia. No hay que olvidar que en varios países la incidencia del VHC adquirida sexualmente ya es más alta que la adquirida parenteralmente, que en el futuro el VHC -especialmente entre hombres que tienen sexo con hombres- se comportará como una ITS (infección de transmisión sexual) además de con importantes sinergias con el VIH, y que el dinero que gastaremos en tratamientos serán inversamente proporcionales a los que gastamos en prevención.

El silencio que en comparación al sida, y ahora a la HC, hay por ejemplo hacia la sífilis no es ajeno a que el tratamiento de esta es muy barato y la población afectada menor y, por lo tanto, no interesa invertir en la promoción de su tratamiento. Se entiende, porque la industria hace inversiones millonarias que tiene que recuperar; por ello, la generación de información y el discurso debe complementarse. La preponderancia del discurso mediático basado en aspectos terapéuticos refleja tanto la influencia de la industria en el sector médico, como la dificultad del sector profesional de la salud pública para crear opinión. Tanto internacionalmente como en el ámbito local, la experiencia adquirida con el VIH/sida será clave para articular una respuesta al VHC, que también debe ser multisectorial y transversal. Como en el sida, la hepatitis C tampoco tiene vacuna.

Temas: Hepatitis C Sida

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