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Editorial

La Fiesta del Cine, un soplo de aire fresco

Ya son ocho las ediciones de la llamada Fiesta del Cine, con la que el sector intenta en España insuflar un soplo de aire fresco a una alicaída industrial cultural, en cabeza de las víctimas de la piratería, en particular, y también de la crisis económica en general. Si las majors de Hollywood han intentado contrarrestar el problema de la pérdida de público, por ejemplo, con superproducciones amparadas en la tecnología 3D, que incentivan el paso por taquilla, en un plano inferior se ha movido una propuesta que nació en el 2011. Lo hizo con un reclamo tan evidente como es bajar precios: a 2,9 euros la entrada previa inscripción por internet, requisito del que están excluidos menores de 14 años y mayores de 60.

Productores, distribuidores, empresarios de salas y el propio Ministerio de Cultura, a través de su instituto audiovisual, aunaron esfuerzos para intentar llenar los cines, aunque solo fuera por unos días. La iniciativa iba más allá del tradicional día del espectador por la promoción de un acto tan reivindicativo como festivo. Las cifras han sido esperanzadoras en todas las ediciones y se ha comprobado que también se estimula la asistencia en semanas posteriores. De ahí que la Fiesta del Cine se convirtiera en bianual en el 2014. Ese año, el enorme éxito de Ocho apellidos vascos impulsó la cifra a 1,9 millones de espectadores en tres días. La fiesta que se inicia hoy se amplía uno más, hasta el jueves, por la coincidencia -y dura competencia- de las semifinales de la Champions.

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