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Editorial

Una huelga por la división del fútbol español

El decreto del Gobierno sobre la venta de derechos audiovisuales del fútbol español -con un reparto conjunto, centralizado y más equitativo que el actual- ha abierto un nuevo conflicto entre los diferentes estamentos que rodean al deporte rey. La Federación Española y el sindicato de jugadores han hecho frente común con un paro indefinido a partir del 16 de mayo, penúltima jornada de Liga. La buena recepción que podía tener una norma que acababa con años de presiones y negociaciones se ha visto contaminada inmediatamente por el enconado pulso entre el presidente de la Federación Española, Ángel María Villar, y el de la Liga de Fútbol Profesional, Javier Tebas. El enfrentamiento entre los hombres que manejan los hilos del fútbol español es tal que ya solo cabe situarlo en el terreno personal. Tebas tiene el apoyo de Miguel Cardenal, secretario de Estado para el Deporte, y Villar -un directivo acusado de escasa transparencia y que ya debería pasar el balón tras 27 años en el cargo- se ha aliado con la Asociación de Futbolistas Españoles. La AFE lamenta, como la federación, no haber sido escuchada para elaborar un decreto en el que ni siquiera aparece citada. Que un Gobierno conservador ningunee a un sindicato no sorprende demasiado, pero no parece irresoluble la petición de mayor protección salarial para los futbolistas de Segunda B. De ahí que haya que esperar, por muchas diferencias que tengan los implicados, que mande la sensatez y la Liga acabe en las fechas previstas.