Los límites del discurso sobre inmigración

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El candidato del Partido Popular en el Ayuntamiento de MataróJosé Manuel López, oficializó en el acto de presentación de su candidatura en el Casal Nova Aliançacandidatura , el 17 de abril, lo que ya había ido insinuando durante todo el mandato especialmente a través de las redes sociales: que se ha acabado el tiempo de lo políticamente correcto en el ámbito de la inmigración y que, para conseguir sus objetivos políticos, irá tan lejos como sea necesario en la denuncia de actitudes de "discriminación positiva" que según él se hacen desde el Ayuntamiento en relación por ejemplo a los comercios regentados por magrebíes. Unos objetivos que esencialmente pasan por intentar comerse de un solo bocado la Plataforma per Catalunya de Mónica Lora.

López dejó muy claro que para conseguirlo será tan agresivo como haga falta y ser capaz de convencer así aquellos que hace cuatro años optaron por PxC -aunque eran mayoritariamente antiguos votantes del PSC, hay que recordarlo-.

De hecho, todo su discurso se situó en el marco mental de la formación identitaria, copiando literalmente el lema que Mónica Lora logró hacer calar con fuerza hace cuatro años, "Primero los de casa" -una expresión inconcreta, vacía, pero absolutamente eficazmente.

Y no sólo eso sino que se puso al lado de los que los dos últimos veranos han sufrido ruidos provocados por la celebración de la fiesta del Ramadán en el barrio de Rocafonda y también lamentó que en polígonos industriales como los de Mata-Rocafonda haya una mezquita, en la medida en que esto pueda desanimar posibles empresarios a situar sus fábricas allí. Por si no había quedado suficientemente claro, mostró su rechazo también a las familias polígamas.

El candidato popular juega con una buena carta: sabe que lo que hizo funcionar con fuerza PxC hace cuatro años es no ya dejar de usar un lenguaje políticamente correcto sino, yendo más allá, poner voz a los pensamientos que una parte de la población autóctona tiene sobre el grueso de los inmigrantes. Así, José Manuel López es perfectamente consciente de que hablar "clar i català" -sobre todo si se hace en castellano- en Mataró puede seguir dando muchos y muchos votos.

Pero este profesor en excedencia, que es un hombre sensato, debería calibrar en qué medida este lenguaje calcado al de Mónica Lora no le hace perder centralidad política y lo sitúa como un radical -de derechas, pero un radical- sin posibilidades de llegar a acuerdos con ninguna otra formación política en el próximo Ayuntamiento.

Por otra parte hasta qué punto estas afirmaciones estrictamente vinculadas a una religión o una etnia concretas lo emparentan con el llamado "discurso del odio" ("hate speech", en inglés) estigmatizador de una determinada realidad cultural o creencia.

También si se da cuenta de la renuncia que está efectuando de cara a unos potenciales votantes de su formación cuando los marroquíes puedan votar en las elecciones municipales, cosa que no tardará en llegar.

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Hace cuatro años todos pecamos de ‘buenistas’ al no ser capaces de captar el malestar latente en algunos barrios de la ciudad en relación a la inmigración; ahora caeríamos en un error aún mayor si fuéramos incapaces de entender que, a pesar de ser necesario identificar sin miedo realidades conflictivas que tienen lugar y combatirlas con la máxima contundencia, debe haber también unos límites en el discurso sobre inmigración. La libertad de expresión no todo lo puede amparar.

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