10 abr 2020

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Tribuna

El fin de la cuotas lácteas, un reto y una oportunidad

Josep Maria Pelegrí

Era crónica de un final anunciado: 31 de marzo, fin de las cuotas lecheras instauradas por la UE en 1984 para limitar la producción de leche y mantener unos precios rentables para los productores. A pesar de las cuotas, el productor lechero lo ha pasado peor que bien especialmente en estos últimos años.

Y ahora hay que ver si somos capaces de afrontar los retos y las incertidumbres de este nuevo contexto liberalizado para convertirlas en oportunidades para el sector que nos permitan garantizar el futuro de nuestras explotaciones, que tienen un papel esencial en el desarrollo rural y la fijación de la población en el territorio y de nuestra industria ya que si nos atenemos al consumo, es evidente que somos claramente deficitarios en la producción de leche, estamos importando leche para nuestro consumo, y lo podemos ser mucho más en un contexto globalizado en el que se incorporan mercados emergentes como el asiático, que ahora ha descubierto la leche.

También es cierto que los productores son el eslabón más débil de la cadena, a pesar de las cuotas, y la industria inicialmente, y ahora también la distribución han sido factores de presión constante al ganadero y han hecho que los precios no consiguieran sobrepasar los precios de coste.

¿Tenemos oportunidades? Seguro. La demanda tiene recorrido. Pero debemos ser capaces de sumar y generar masa crítica, de aportar valor añadido a nuestras producciones de leche y derivados. El sector ha evolucionado concentrándose, y pasando de las más de 4.300 explotaciones que había hace unos 25 años a las 786 actuales a pesar de los impedimentos que ha puesto el Estado, como la imposibilidad transferir cuota sin explotación. Este hecho ha impedido el crecimiento de medianas y grandes explotaciones de nuestro país, para tener un mayor potencial de competitividad.

¿Tenemos soluciones? Sí. Pasan por la aprobación de un nuevo paquete lácteo, con el objetivo de hacer el sector más competitivo ante la liberación de las cuotas como para hacer los deberes para mejorar aún más nuestra competitividad y  para ampliar nuestra presencia en el mundo. Tenemos explotaciones medianas y grandes, tecnificadas, modernas, eficientes; sin embargo, debemos reforzar todos los frentes posibles para garantizar su competitividad: inspecciones, venta a pérdidas, código de buenas prácticas -en el que hemos sido pioneros en el Estado- promoción de la leche y los productos lácteos derivados, y la promoción de productos lácteos con Denominaciones de Origen Protegidas (DOP) y las Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP).

Lo más importante de todo es  que todas estas medidas sean realmente efectivas, generar masa crítica, concentrar la oferta. Por eso quiero animar a los ganaderos del sector de la leche, las cooperativas, las organizaciones de representación agraria, la industria, y la administración a constituir organizaciones de productores, y agrupaciones o asociaciones de organizaciones de productores fuertes y bien estructuradas. Esta es la única herramienta que la UE quiere y pide como interlocutores. Pero no sólo por los beneficios que puede tener la existencia de los programas operativos y del dinero que pueden llegar de Europa en función de la producción, sino por la fuerza que pueden tener para negociar los contratos y los precios. Imprescindible para la supervivencia del sector.

Con este fundamento, y con el acuerdo y participación de buena parte de las organizaciones sectoriales, el Govern ha aprobado el proyecto de ley de interprofesionales agroalimentarias de Catalunya, un marco legal que debe permitir, en aquellos sectores que lo soliciten, disponer de un instrumento para mejorar el conocimiento entre las diferentes fases de esta cadena y repercutir directamente en mejoras para los consumidores, para los productores y para la industria.

El proyecto de ley prevé que las interprofesionales también se puedan implantar en ámbitos sectoriales y territoriales ya definidos como son los territorios definidos por las DOP y las IGP. Este instrumento debe servir para impulsar la promoción y protección de nuestro patrimonio alimentario y cultural, así como aportar valor añadido en el sector de la leche y ofrecerle nuevas oportunidades en este nuevo contexto globalizado y abierto.

Cuando hay un reto como el que se nos plantea ahora, podemos ver oportunidades o obstáculos. Yo soy partidario de afrontar el  reto desde el punto de vista de lo que se ha hecho hasta ahora, con este proceso de concentración y verlo -insisto- como una oportunidad, no como un déficit. Y creo, sinceramente, que el nuestro país hoy está mejor preparado para afrontar la desaparición de las cuotas lecheras, porque hay mayor competitividad, porque hay mayor tecnificación, porque hay mayor profesionalización del un sector que en nuestro país se ha sabido adaptar a estas necesidades.