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Los sábados, ciencia

Elogio de tu piel

Manel Esteller

La piel, el órgano más extenso del cuerpo, es nuestra gran protectora de todo tipo de agentes patógenos

Cuando nos miramos, nos comprobamos la piel. La parte que las convenciones sociales y religiosas nos permiten enseñar. Más en las playas nudistas y menos detrás de ropas que nos tapan hasta arriba. Nuestra piel nos recuerda el paso del tiempo. Las patas de gallo en los ojos, los cuellos arrugados que contrastan con caras estiradas, las marcas de las líneas de expresión recuerdo de un llanto demasiado constante o los excesos de demasiados veranos de risas, las cicatrices en la dermis de antiguas peleas... Una marca queloide en mi dedo índice izquierdo me hace pensar en un mes de agosto de 1984 cerca de Zaragoza...

Nuestra piel es el órgano del cuerpo humano más extenso y muy a menudo nos olvidamos de ella. Con su sudor de sabor y olor cambiante. Una piel de cientos de variantes de color, una propiedad que depende de muchísimos factores. De las tonalidades de los padres, del tiempo que dedicamos a estar perezosos bajo este precioso sol mediterráneo, un color que se puede volver más anaranjado si tomamos mucha zanahoria por los derivados de la vitamina A (caroteno) que contiene. Hay un bonito ratoncito llamado Agouti al que podemos cambiar el color modificando su dieta dándole más grupos folatos, y además es capaz de transmitir este cambio adquirido a su linaje. Vivir para ver. ¿Se imaginan si pudiéramos cambiar el color de nuestra piel a voluntad, cuántas discriminaciones y barreras absurdas desaparecerían? Como decía el Principito, «lo esencial es invisible a los ojos».

Nuestra piel sufre también enfermedades insidiosas. Desde la lepra, que tantos estragos hizo en la edad media y que sobrevive en los países del llamado tercer mundo, a patologías más propias de nuestra área, como la frecuente psoriasis o el eczema seborreico. O las manchas blancas que denominamos vitíligo. En este último caso, debemos felicitarnos por la gente que da la vuelta al calcetín, como la modelo Winnie Harlow de la campaña de Desigual, con su piel de manchas blancas y negras.

La piel es nuestra gran protectora, la muralla que evita la entrada de todo tipo de agentes patógenos y la que tiene insertados receptores sensitivos que nos hacen sentir el calor, el frío, la rugosidad, la tersura y el placer, pero también el dolor. Una piel humana dura, pero delicada. Que cuando se quema nos vuelve a recordar su importancia. Una piel que puede deformarse gravemente con muchas enfermedades como la neurofibromatosis y otras facomatosis, patologías que a veces solo dan la cara por detalles como unas pequeñas manchas de color café con leche en la espalda.

Y nuestra hermosa piel, la de nuestro amigo, la del hermano, la de nuestro hijo, la del extraño que nos encontramos en el quiosco, también puede verse afectada por los tumores. De hecho, el cáncer más común del mundo es el de piel, también denominado epitelial, del que encontramos dos tipos: el carcinoma basocelular y el carcinoma escamoso o espinocelular. Somos afortunados porque hoy, si se detectan a tiempo, se curan en un elevado porcentaje. Pero no se dejen ustedes confundir, porque hay un cáncer de piel especialmente malo llamado melanoma, el cáncer derivado de las pecas. Hay otro tipo de melanoma que es ocular y aparece en la zona del ojo llamada úvea; es, por ejemplo el melanoma diagnosticado al buen divulgador biomédico el doctor Oliver Sacks.Pero el melanoma más frecuente es el cutáneo, de elevada incidencia entre la gente más blanquita que se expone demasiado al sol. Es el caso del irlandés que se lleva un recuerdo envenenado de la Costa Brava o el australiano de piel color harina que todavía no se ha acostumbrado a la ocupación reciente de aquella isla-continente. Entre los motivos de su malignidad está que se disemina fácilmente y da muchas metástasis.

El melanoma también fue uno de los primeros tumores sólidos en los que una mutación en un oncogen (el gen que estimula el cáncer) llamado BRAF ha permitido usar un fármaco específico contra esta mutación (inhibidor de BRAF). Un camino que previamente había hecho el doctor Dennis Slamon con el tratamiento del cáncer de mama con la mutación del oncogen HER2 y el fármaco Herceptin. Pero el melanoma tratado con el fármaco aprende y se adapta y a menudo desarrolla una resistencia a este primer fármaco. Y entonces tenemos que volver a buscar una nueva diana molecular alterada en el tumor y un nuevo fármaco que sea efectivo. Es un juego del perro y el gato.

De ahí la importancia de seguir investigando. Como hace el doctor Antoni Ribas de la Universidad de California de Los Ángeles (UCLA) con los tratamientos de inmunoterapia del melanoma; o la doctora Susana Puig y el doctor José Malvehy del Hospital Clínic, Institut d'Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer (IDIBAPS) y la Universitat de Barcelona estudiando las aplicaciones de la genética para mejorar el tratamiento de este tumor cutáneo; o el becario anónimo de mi laboratorio dedicándole también sus fines de semana. Nos jugamos la piel y la vida en esta investigación. Besos a todos.

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