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En todas partes se da la nefasta, pero práctica, costumbre de reducir las políticas de los países a los dirigentes: el George Bush que cogía su fusil frente al Barack Obama que quería salir de Irak, por ejemplo, como si un político pudiese llegar a la presidencia de un país (serio) y borrar de un plumazo lo anterior, obviar los intereses que llevaron a su antecesor a seguir una determinada línea. En el caso de Israel (un país serio) esta práctica es generalizada y uno de los motivos que explican el enquistamiento del conflicto, que es como se suele llamar a la ocupación de los territorios palestinos. En Israel, dicen, hay palomas y halcones. Las palomas (Yitzhak Rabin, Shimon Peres) dicen querer la paz; los halcones (Yitzhak Shamir, hoy Binyamin Netanyahu, ayer ese Ariel Sharon que pasó de Sabra y Chatila a hombre de paz en Gaza) propugnan la mano dura. En Occidente, claro, gustan las palomas, porque ya se sabe que los halcones secuestran a su país y lo llevan a donde no quiere ir, como se vio en verano en Gaza, ¿no?

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En las elecciones de hoy se repite el patrón: el halcón Netanyahu contra la paloma Isaac Herzog. Netanyahu ha caído en desgracia en esta Casa Blanca, así que ahora se atreven a decir algunas verdades sobre él los que hace nada callaban: que se ha cargado la solución de los dos Estados, que lleva a Israel hacia un régimen de apartheid. La esperanza, dicen, es Herzog y su socia Tzipi Livni: con ellos Washington Tel-Aviv volverán a trabajar juntos, con ellos se resucitará el proceso de paz basado en los dos Estados. Halcones y palomas. Y hay que apoyar a la paloma.

No importa que, aunque gane, Herzog lo tenga difícil para gobernar sin la derecha; no importa que la última vez que gobernó el centro (por decir algo) Israel arrasara Gaza con la operación Plomo Fundido y la penúltima destruyera el sur del Líbano con un sindicalista como ministro de Defensa. No importa que históricamente hablando los campeones de los asentamientos y los ideólogos del muro sean los laboristas. Tampoco importa que el mapa de Palestina que Herzog Livni han hecho circular sea inviable antes de ni siquiera negociarlo, ni que si los dos Estados son imposibles e Israel ya se parece mucho a la antigua Suráfrica no es porque Bibi sea malvado, sino como consecuencia de décadas de políticas de Estado. No importa que si Herzog gana no será porque los israelís quieran el fin de la ocupación, sino porque anhelan que baje el precio de la vivienda. Nada de esto importa en un momento en que los caricaturistas de Washington dibujan a  Netanyahu construyendo una colonia en la Casa Blanca. Palomas y halcones. ¿Cómo se llama la coalición de Herzog? Unión Sionista. Pues eso.