18 sep 2020

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Riesgo al amanecer

Sílvia Cóppulo

El adolescente de color leche atraviesa la calle tambaleándose y se para justo en el medio. Todavía es de noche. Sale de la discoteca con unos amigos cuando descubre de golpe que se le han desabrochado los cordones de una zapatilla. Se agacha ante el coche frenado. El conductor está pendiente de su semáforo en rojo y de momento no lo mira. El joven mueve las manos pesadas. Han levantado demasiadas copas. Le cuesta hacer el lazo. Los segundos pasan y el color de los semáforos dará el cambio. Ahora ya está rojo para los peatones y verde para los vehículos. El joven de color leche tiene suerte. El conductor está sereno. Lo mira y se espera. Los segundos son eternos. Vistazo al retrovisor. Casi reza para que no venga ninguno otro coche detrás suyo circulando sin darse cuenta de que él continúa parado a pesar del verde. Tiene el pie firme sobre el freno, pero si alguien se le empotra por detrás, del golpe se desplazará y no podrá evitar que el chico de los cordones quede bajo las ruedas. 

Nadie más se fija en la escena. Los amigos han bebido demasiado para ver nada y ser conscientes del peligro. Finalmente, el chico de color leche se levanta, mira el conductor, sonríe como un niño y hace un gesto dándole las gracias. Es amable y bien educado. Pero ahora no ha sido consciente de que se ha jugado la vida.

Uno de cada ocho muertos en Europa son causa directa del alcohol.

Los jóvenes de 14 y 15 años cada vez beben más y practican el 'binge drinking', que consiste en beber mucho en poco tiempo. Cinco copas o más en poco rato, una trás otra. Las chicas beben más que los chicos. La mitad de los jóvenes no consideran que haya ningún peligro en tomar cinco o seis copas en una noche. De hecho, uno de cada cuatro jóvenes bebe hasta emborracharse, y más de la mitad confiesa haber hecho botellón durante el último mes.

Las cifras no mejoran. Al contrario. Lejos de estigmatizarlos, el grupo los aprueba, y socialmente se admite dentro de la normalidad. 

Escenas de riesgo con la primera luz del día como la que hoy hemos narrado se repiten cada fin de semana. Si no entendemos las causas y no afrontamos con determinación e inteligencia la lucha contra la simbiosis de ocio y alcohol, continuaremos teniendo una cifra muy alta de jóvenes que no llegarán a viejos.